Por: Cecilia Orozco Tascón

¿Éste es el otro garante de nuestros derechos?

EL PRESIDENTE DE LA CORTE CONSTItucional y el Procurador General tienen varias cosas en común, además de que son de Santander:

miran la Carta con el prisma de la religión; supeditan a ésta, los derechos ciudadanos; detestan a los gays; creen que las violadas sexuales no pueden abortar y que la libertad es perniciosa. En conclusión, pertenecen a la franja de los triunfadores de hoy. No es sino fijarse en los puestos de poder en que están ¡Ah! Les cuesta trabajo disimular su enorme fastidio por los liberales de partido o de pensamiento. Así se explica por qué, y pese a que son muy lisonjeros en la vida social, cuando se cruzan con conservadores demócratas como José Gregorio Hernández, se tapan con disimulo la nariz. Imagínense lo que sentirían si les tocara saludar al ‘diablo’ personificado en Carlos Gaviria o Alejandro Martínez.

Por eso, y aunque los juristas más encumbrados del país se encuentran estupefactos con el tono agresivo y el pobre nivel de las declaraciones del presidente de la máxima corte, la entrevista que el abogado Pinilla le dio a María Isabel Rueda no sorprendió a quienes lo conocen. Para poner sólo un ejemplo sobre su ideología, se podría recordar la expresión que usó en sala plena de la Constitucional cuando se estudiaban los derechos de las parejas homosexuales y él era el único que se oponía a reconocerlos: “Son anormales”, aseguró, según testimonio de los presentes.

Pecados imperdonables de quien preside el tribunal de mayor rango, en esa entrevista:

1.– La conducta pendenciera y prepotente. La actitud de todo-lo-puedo, copiada del Ejecutivo, lesiona la majestad del cargo y la ponderación que se espera del que lo ocupa.

2.– La acusación de tipo penal que les formuló a tres de sus antecesores con una afirmación increíblemente irresponsable: “(al tribunal constitucional) llegaron personas que… pudieron tomar decisiones movidas por… cuántos votos podrían obtenerse”. Traducción: los ex magistrados mencionados arriba dictaron sentencias para que la gente votara después por ellos; o sea, prevaricaron. Encima, el abogado Pinilla les critica a otros lo que practica: “Usted sabe perfectamente que a los periodistas se les va la mano en los señalamientos”. De ser real la advertencia de los ex togados, el presidente de la Corte estará muy pronto sub iúdice (!) como presunto calumniador.

3.– La injerencia en asuntos internos de la Corte Suprema que, de remate, fue la que lo postuló para su cargo actual. No es de extrañarse: cuando Pinilla era de la Suprema, criticaba a la Constitucional. Y ahora que está en la Constitucional, imputa a la Suprema. Me da lástima por el magistrado Alfredo Gómez. Tiene muchos méritos para ser elegido presidente pero el abrazo del oso puede asfixiarlo.

4.- El preconcepto que emitió sobre el tema más hondo de nuestra democracia: el referendo reeleccionista. La frase: “La misma Constitución dice que el poder soberano radica en el pueblo. Y eso tiene todas las consecuencias que de ahí se puedan derivar”, suena a notificación de su voto. El abogado Pinilla será recusado. No sería la primera vez que tuviera que apartarse de una discusión por sus prejuicios. Los magistrados que acaban de salir, a quienes por cierto también cuestiona en privado mientras que está feliz con los recién llegados, lo obligaron a marginarse de la revisión de la sentencia que permite el aborto terapéutico. ¿Adivinen por qué? Porque se le fue la lengua en otra entrevista con María Isabel. Dos éxitos para ella como periodista; dos vergüenzas para él como juez.

 

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