Por: Cecilia Orozco Tascón

¿‘El Tiempo’ se desnuda?

QUISIERA CREER QUE LA EXPULSIÓN pública de la destacada columnista Claudia López, de El Tiempo, fue sólo un acto acalorado de soberbia y no uno típico de censura de la opinión.

La gravedad de la decisión de echar a López (a nadie engañan con el cuento de que el desacuerdo con un trabajo periodístico del medio donde uno escribe equivale a una “renuncia”), es más preocupante porque el ejecutor de la represión es el diario que preside, en cabeza de uno de sus socios, la Sociedad Interamericana de Prensa, encargada de vigilar que se cumpla el derecho a la libre expresión en el continente. Se podrá reparar en que el tema que tocó la analista, a saber, el cubrimiento de una información que favorecía los intereses políticos de Juan Manuel Santos, otro de los socios de El Tiempo, y los intereses económicos del grupo Planeta, nuevo dueño mayoritario del conglomerado, era demasiado sensible.

Pequeña anécdota de contraposición: cuando por honrosa designación del periódico me desempeñé como Defensora del Lector, sostuve un fuerte debate público con Santos. Entonces me referí a lo que juzgué como una influencia perniciosa del ahora candidato presidencial en el contenido informativo del diario. En el fondo, era un comentario similar al de López, aunque en diferentes circunstancias. Envié mi escrito al periódico, pero me hice la siguiente reflexión: si no lo publican, tendré que retirarme; si lo publican, también, por ser mi contradictor quien era. Al otro día mi comentario salió intacto. Fui donde los dos directores —Rafael y Enrique Santos— y renuncié para evitarles el lío que iban a tener con su primo y hermano. Para mi sorpresa, ambos estuvieron de acuerdo en apoyar mi continuidad y seguí siendo la Defensora sin ninguna consecuencia.

La situación ha cambiado y su director actual está en una disyuntiva muy difícil entre su importante posición profesional y su conciencia. No entraré en ese terreno tan personal, pero sí reitero que al diario se le critica, no tanto el cruce de sus intereses con los de Juan Manuel Santos, que sería fácil de solucionar, sino el conflicto entre los de Planeta —entre otros, su aspiración a que el Gobierno le adjudique un canal de televisión— y su obligación constitucional de informar verazmente a los colombianos. Para mayor lástima, la intolerancia ha tenido ya algunas manifestaciones y la echada de López es sólo la más notoria. Hace un par de meses, por ejemplo, un comentario de María Jimena Duzán, en Semana, parecido al de López, mereció una fea descalificación pública de El Tiempo. En contraste, el periódico adopta una actitud de complacencia, casi rayana en la irresponsabilidad, con los columnistas de la orilla ideológica afín al Gobierno y a Planeta. No sé si será mera coincidencia la inclusión privilegiada en las páginas de las que hoy se expulsa a Claudia López, del ex asesor presidencial José Obdulio Gaviria, simultánea con la toma de control del diario por el grupo español. Tampoco sé si la casualidad llega hasta el punto de que se hiciera realidad el deseo de JOG, quien “opinó” hace poco que era mejor poner en el lugar de Claudia López a un desconocido comentarista de la línea uribista. En próximos días nos enteraremos si esta parte de su voluntad también se cumple. No le falta razón a Rudolf Hommes, otro valioso columnista de ese diario, cuando aludiendo a la expulsión de López, habló de una “provocación” para quienes allí escriben. Tal vez el desnudo de El Tiempo, como muestra de la conducta antidemocrática imperante, sea lo único bueno que tiene esta enorme equivocación.

 

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