Por: Christopher Hitchens

La insolencia de Avigdor Lieberman

UN AMIGO Y COLEGA MUY CONFIAble jura que observó hace un par de años el siguiente incidente en los territorios ocupados por los israelíes.

Un médico palestino, con una necesidad urgente de un permiso para viajar, intentaba persuadir a un soldado emplazado en un puesto de control de que le permitiera continuar hasta el siguiente pueblo. El médico habló primero en hebreo, un idioma que conocen muchos árabes, pero no recibió respuesta alguna. Luego intentó en inglés, que es algo así como la lingua franca local. Por segunda vez, el soldado no le respondió. Después de un desagradable intervalo de mutua no-comunicación, el médico descubrió que la única palabra que el soldado israelí conocía era “no”, y el único idioma en el que podía hablar era ruso.

Las palabras ocupación y desposesión se desparraman a diestra y a siniestra con bastante libertad, pero yo invito al lector a hacerse una idea de la vida en un territorio ocupado en el cual el hostil soldado del país vecino ni siquiera habla el idioma del Estado en que revista bajo bandera, para no mencionar alguna lengua que usted conozca. Existe, ya que estamos especulando, una alta contingencia de que el soldado ni siquiera era judío. En Israel es un secreto a voces que decenas de miles de inmigrantes rusos usaron documentación falsificada como un medio para salir de su país de origen, intentando ejercer el “derecho a retornar”. Así que hay otro insulto para amontonar sobre aquellos cuyos abuelos-bis-bis nacieron en Palestina y sin embargo son tratados como si vivieran allí de prestado.

Aún así, si usted es un ex portero de discoteca nacido en Moldavia, una ex república soviética, como es el caso de Avigdor Lieberman, puede radicarse en Tierra Santa y convertirse en el líder de un partido que propone instituir un “juramento de lealtad” no solamente para los ciudadanos árabes del Estado de Israel, sino para todos los judíos miembros de sectas religiosas ortodoxas que no se consideran sionistas. Y este grotesco partido, llamado Israel Beiteinu o “Israel es nuestro hogar”, tiene ahora enorme influencia y su líder es el poder detrás del trono en el proceso electoral israelí.

En sus primeros días como inmigrante en Israel, Lieberman fue miembro del Kach, el histérico grupo conducido por el rabino Meir Kahane que estaba mórbidamente obsesionado con la vida sexual de los árabes y que exigía la expulsión de todos ellos o para emplear el eufemismo común, la “transferencia”. Lieberman ha refinado ahora en cierto modo su posición, proponiendo un canje de territorios y de personas que se acercaría más a una partición o inclusive a una solución con dos estados. Pero ,como cada una de ese tipo de propuestas, ésta deja una gran cantidad de árabes controlados por los israelíes, ya sea en la Cisjordania, o en la “propia” Israel. Dudo que Lieberman sea realmente serio cuando habla de negociar “la tierra por la paz”. Inclusive se enfrentó a Ariel Sharon cuando éste, como primer ministro, propuso la retirada de Gaza, así que si hubiera dependido de Lieberman, todavía habría colonos israelíes en la franja.

Lo que ha hecho Lieberman es cambiar en su totalidad el tono de la discusión al cuestionar la presencia de los árabes israelíes quienes, a diferencia de sus primos bajo la ocupación, gozan del derecho de la ciudadanía y del voto, como también del privilegio de vivir bajo la bandera israelí.

El mejor libro sobre esta altamente interesante y descuidada comunidad fue escrito por el novelista israelí David Grossman en 1992 y se titula Sleeping on a wire. Contiene excelentes datos (como por ejemplo la probabilidad de que más árabes israelíes que judíos norteamericanos hablen hebreo) y también algunas reflexiones memorables sobre el lenguaje y su relación con la literatura y la cultura. Todos recordamos que Maimonides escribió en un árabe fluido, pero tal vez es menos conocido que: “La conversación cotidiana de los israelíes palestinos centellea con expresiones de la Biblia y del Talmud, desde Bialik y Rabbi Yehuda Halevy y Agnon. El poeta Naim Araideh dice con exaltación: ‘¿Saben qué significa para mí escribir en hebreo? ¿Saben qué significa escribir en el idioma en que fue creado el mundo?’ ”.

Uno desearía no ir tan lejos, pero sigue siendo el caso de que al árabe israelí marxista Emile Habibi, autor de la novela clásica The secret life of Saeed: The pessoptimist, se le concedió una vez el premio anual de Israel por el mejor escrito en hebreo.

Uno podría agregar que los cohetes de Hamas y Jezbolá también caen sobre estas personas, en Jaffa y en otras ciudades, del mismo modo que caen sobre los israelíes drusos y armenios. Las hebras y nexos que ligan y escalonan las discrepantes demandas por la tierra de Palestina son tanto fuertes como también sutiles, antiguas como también modernas. Es por eso que Grossman estuvo tan deprimido al descubrir, al final de su libro, que el recuerdo de 1948 todavía estaba vívido incluso entre los más exitosos y prósperos árabes israelíes y que todos ellos no se sentían seguros y temían secretamente una renovación de la demanda para su expulsión. En 1993, él se sintió capaz de reasegurarlos, en cierta medida, en relación con esto.

Ahora tenemos que ver el ascenso de un bruto y un demagogo que ha pedido con gusto la ejecución de los miembros árabes elegidos del parlamento de Israel si se reúnen con Hamas, y que ha pedido que ahoguen a los prisioneros palestinos en el Mar Muerto. Los seguidores de Lieberman gritan en sus actos “muerte a los árabes”. Y esos cánticos han plasmado los peores miedos de aquellos árabes que han alcanzado el pacto de mayor duración con el Estado judío.

El estilo esencialmente totalitario e inquisitorial de Avigdor Lieberman, sin embargo, puede ser inclusive más notorio en su insistencia en que los judíos devotos, no sionistas, también presten un juramento de lealtad, pues de lo contrario podrían perder el derecho a la ciudadanía. Eso corta de raíz la idea de que los judíos tienen una presencia en Jerusalén por tiempo inmemorial y que sus derechos resultantes no dependen de algún Estado o de alguna ideología. Que se avergüence Benjamin Netanyahu si hace una alianza aunque sea temporal con Lieberman. Tan cuestionable como puede ser el “derecho al retorno”, seguramente ese derecho no puede conferir el derecho a expulsar.

*Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido por sus puntos de vista disidentes, su ironía y su agudeza intelectual.

(Traducción de Mario Szichman).

 

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