Por: Eduardo Sarmiento

La burbuja de la inversión extranjera

Si bien el Gobierno ha presentado las cinco locomotoras que impulsarán el crecimiento, hasta el momento la verdadera locomotora del crecimiento es la inversión extranjera, movida por la burbuja de Estados Unidos.

La preponderancia de las burbujas en Estados Unidos se ha trasladado a la economía colombiana. Las autoridades estadounidenses están comprometidas en mantener la tasa de interés en cero e inundar el mundo de dólares para inducir la valorización de activos y la devaluación del dólar. Así, los inversionistas y especuladores están en capacidad de obtener crédito a cero y colocarlo en TES a 5%. Adicionalmente, encuentran que la entrada de capitales induce a la revaluación y el alza de los precios de la bolsa y ambos fenómenos se refuerzan. En la actualidad el rendimiento conjunto es de 40%.

Mientras existan estas condiciones, el margen de maniobra sobre el tipo de cambio es reducido. La competencia entre especuladores e inversionistas lleva a una oferta generalizada de divisas por debajo del tipo de cambio de equilibrio. Las acciones de las autoridades económicas para extraer los excedentes de divisas, bien por la compra de divisas o por los controles de capitales, reducen la abundancia de dólares, pero no modificarían la actitud de los inversionistas y, por lo tanto, la cotización cambiaria.

La información del primer semestre confirma que esta burbuja ha sido la principal causa del modesto dinamismo de la economía; la expansión proviene de la producción de petróleo y minerales, el aumento de importaciones y la valorización de activos. Infortunadamente, el perfil no genera ocupación ni es sostenible. A tiempo con el bajo contenido de mano de obra de la minería, el abaratamiento de las importaciones induce a una sustitución masiva de empleo formal por materias primas y bienes de capital. La expansión de la actividad proveniente de la especulación y la minería tenderá a ser compensada por los efectos de la revaluación sobre la industria, la agricultura y el empleo formal. Tal como anticipé hace dos meses, la economía viene en un claro proceso de desaceleración. El producto crecerá en el tercer trimestre menos de 3% y en el año completo menos de 3,8%.

Parte de la sorpresa del equipo económico ante esta realidad obedece a que la inversión extrajera no tiene las propiedades mágicas que se le atribuyen en los libros de texto ortodoxos. En un mundo especulativo, genera presiones de revaluación que no pueden ser contrarrestadas por los procedimientos tradicionales y termina llevándose por delante la industria, la agricultura y el empleo formal. Aún más dramático, la contribución del endeudamiento externo y la inversión extranjera a la creación de divisas y al ahorro es menor que las erogaciones por repatriación de capitales. En el primer semestre los ingresos fueron superados ampliamente por la repatriación de capitales, con claras tendencias a ampliarse.

Frente a este panorama, se plantea limitar los ingresos de inversión extranjera y sustituirlos por el fortalecimiento del ahorro interno mediante la erradicación de la especulación, la orientación del crédito y el establecimiento de procedimientos forzosos. Por ahora, lo menos que podría hacerse es quebrar la burbuja y detener la revaluación, y no existe otro camino que reemplazar el régimen de tasa de cambio flotante por otro fijo ajustable. El propósito se puede realizar con una emisión masiva tanto para elevar el tipo de cambio a un nivel preestablecido y anunciado, como para mantenerlo.

 

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