Por: Eduardo Sarmiento

La recesión es técnica

Para solucionar la crisis el Gobierno deberá adoptar un nuevo modelo económico. Hay que darle prioridad al mercadointerno y orientar la política fiscal y monetaria.

A mediados de la semana pasada se divulgaron las cifras de crecimiento de 2008. El producto nacional descendió 0,7% en el cuarto trimestre y creció 2,7% en el año completo. Ambas cifras fueron anticipadas en esta columna al principio del año 2008 y ratificadas en varias oportunidades. En noviembre señalé que no tenía que esperar seis meses para advertir que la economía había entrado en recesión.

La función del científico social es predecir los fenómenos para describir panoramas desconocidos y orientar las decisiones para modificarlos o reforzarlos. Esta lección de gobernabilidad no se sigue con seriedad.

Ante la cifra del DANE, el Ministro de Hacienda se precipitó a reconocer a medias que la economía está en recesión, cuando en noviembre todavía sostenía que avanzaría más de 4,5% y estaba blindada por el sector financiero contra las crisis mundiales.

El Banco de la República se dio el lujo de mantener una proyección entre 3,3% y 5,3%, que no decía absolutamente nada, y aun así no acertó en el vaticinio.

El tema no es simplemente de bola de cristal. Los errores de diagnóstico y previsión revelan una enorme discrepancia entre la teoría y la realidad. En lugar de modificar las concepciones y modelos que producen los fiascos, se volvió costumbre lanzar cifras al aire y cambiarlas para ajustarlas al último dato del DANE.

La falla de las autoridades económicas proviene del mal entendimiento de la política de inversión extranjera y revaluación y de la teoría de la inflación objetivo del Banco de la República. La primera propició una ampliación del déficit en cuenta corriente que se ocultó por la sobrefacturación de exportaciones a Venezuela. La segunda justificó el absurdo de elevar la tasa de interés y aplicar una severa represión monetaria en momentos de caída libre de la producción y el empleo.

Ambas acciones aparecen claramente replicadas en las cuentas nacionales. El consumo y la inversión, que venían creciendo a 7,5%, se vinieron a cero y el déficit en cuenta corriente aumentó en dos puntos porcentuales.

Así, la economía experimentó una contracción de la demanda efectiva que se llevó por delante la producción, y podía calcularse sin mayor misterio para inferir el crecimiento cercano a 3%.

En el presente año el deterioro de la economía se verá amplificado por la recesión y la crisis mundial. La caída en dominó del producto coincide con un exceso de ahorro que se refuerza e impide que la baja de la tasa de interés y la ampliación de la liquidez la reciba el público.

No obstante, el margen del Banco de la República para bajar la tasa de interés, el crecimiento del crédito bajara a la mitad y arrastrara consigo la inversión y el consumo.

Por otra parte, la política de la Reserva Federal de comprar activos tóxicos cuando la tasa de interés es igual a cero frenó la entrada de capitales del resto del mundo que permitía adquirir sus exportaciones. El desbalance de los Estados Unidos se trasladó al resto del mundo y adquirió la forma de cierre de los intercambios comerciales.

En los últimos meses se registran caídas espectaculares de las exportaciones de Asia, Europa y América Latina. Colombia es uno de los grandes damnificados. En diciembre y enero se derrumbaron las exportaciones, el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos asciende en la actualidad a 4% del PIB y apunta a más de 5%.

La síntesis es lamentable. En 2008 se presentó una caída sistemática y creciente del consumo y la inversión, así como un aumento del déficit en cuenta corriente, fenómenos que se manifestaron en un exceso de ahorro sobre la inversión que provocó la caída del producto, con todos los visos de acentuarse.

Por lo demás, las tendencias de las tres variables se verán agravadas por la naturaleza misma de la recesión y por la crisis mundial. En el primer trimestre la economía descenderá por segundo período consecutivo, cumpliendo con todos los requisitos técnicos mundiales de recesión, y en el año completo caerá 2%.

La resistencia oficial a reconocer la realidad de la economía tendrá serios costos sociales. La actitud llevó a sostener las falencias internas que iniciaron la recesión y desestimar los efectos de la crisis mundial sobre el sector externo. Ahora, la negativa a admitir que la raíz de ambas dolencias se encuentra en el modelo predominante induce en el desespero a buscar los correctivos dentro de las mismas concepciones y teorías fracasadas.

Es el momento que se entienda que la solución de la crisis requiere de un nuevo modelo económico que le dé prioridad al mercado interno, oriente la política fiscal y monetaria hacia el empleo y eleve los ingresos del trabajo.

 

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