Por: Esteban Carlos Mejía

Los maleficios de la manguala

URIBE NO TENÍA MINISTROS SINO mandaderos. No lo digo yo, ni más faltaba. Lo dijo, en su momento, el finado Pedro Juan Moreno, que sabía demasiado. Acuérdense, por ejemplo, de Uribito. O piensen en Diego Palacio, Sabas Pretelt, Andrés Uriel, Jaime Bermúdez. ¿Vicarios o peones? Con el nuevo patrón la cosa es distinta. Del estilo belicoso, montañero y revanchista de Uribe, siempre hostil con la oposición democrática, pasamos al talante comedido, ladino y marrullero de Santos. Innegable. Ahora los ministros gozan de cierta autonomía, al menos mediática, para hilar dos o tres frases sin tener que consultar al jefe. Son esos cambios cosméticos que tanto excitan a las teleperiodistas del entretenimiento. Pero, en esencia, los ministros de Santos son iguales a los mandaderos de Uribe: todos neoliberales.

Juan Carlos Echeverry, el de Hacienda, parece una caricatura del Fondo Monetario Internacional, y obra como tal. El ministro de Protección Social, Mauricio Santamaría, propuso no hace mucho, dizque para mejorar el clima laboral, bajar el salario mínimo y eliminar los parafiscales. Germán Cardona, de Transporte, empezó las privatizaciones de servicios públicos en Manizales mucho antes de que la ley lo determinara. El ministro de Minas, Carlos Rodado Noriega, no ha dicho ni mu frente a las fechorías de ciertas transnacionales de la minería, como la canadiense Medoro Resources, que al tomar posesión de la Frontino Gold Mines, en Segovia, Antioquia, despidió de un papirotazo a más de 1.400 trabajadores. Y Juan Camilo Restrepo, el alabadísimo ministro de Agricultura, tiene en su currículo el dudoso honor de haber firmado el primer acuerdo de Colombia con el FMI. Lo dicho: idólatras del Consenso de Washington.

Ahora bien, ¿es la Unidad Nacional de Santos una manguala? "Manguala" es un colombianismo que, en sentido estricto, quiere decir "confabulación con fines ilícitos". ¿Exageración? ¿Oprobio? ¿Realidad? En una manguala se mezclan, por igual, las zalamerías con el ninguneo, la zanahoria con el garrote. ¿Son de extrañar, entonces, las menudencias parlamentarias, las metidas de pata de Benedetti, los rebuznos cositeros del presidente de la Cámara, las quejas por el mal genio del ministro Vargas Lleras, las marañas de los caciques regionalistas, las pugnas burocráticas?

¿Y Uribe? Encoñado con la libido imperandi -la lujuria del Poder-, es incapaz de dejar de mandar. ¿Volverá el santurrón? Me temo lo peor. En las elecciones del año entrante Uribe volverá con la intemperancia de su gamonalismo y la autocracia de su ideología. Ya verán: mandaderos para las alcaldías de Bogotá o Medellín, mandaderos para las gobernaciones de Antioquia o Córdoba, mandaderos hasta en la sopa. Dios nos coja confesados. Meros maleficios de la manguala, pues.

Rabillo de paja: Antes del 11 de septiembre de 2001, el único 11 de septiembre que había era el de Chile, en 1973, cuando el presidente Salvador Allende pagó con su sangre la lealtad del pueblo: "Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. Lo seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria".

 

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