Por: Felipe Zuleta Lleras

Una manito a Uribe

La dantesca imagen de alias Rojas con la mano derecha del guerrillero Iván Ríos en una bolsita de plástico tocando a las puertas de un batallón del Ejército para entregarse, me hizo pensar que este tal Rojas ciertamente le estaba echando una manito a Uribe para subir su popularidad. Y, según la última encuesta, no me equivoque.

Si a mí me hubieran encuestado sobre lo que pienso frente a la operación que acabó con Raúl Reyes, también hubiera apoyado a Uribe y seguramente lo seguiría haciendo en tanto logre acabar con las Farc. Y eso es precisamente lo que le produce el apoyo de millones de colombianos que, como hemos dicho en otras oportunidades, están dispuestos a cerrar los ojos frente a cualquier otro asunto que toque a Uribe, sea este su dudoso pasado o las propias actuaciones de su gobierno, en tanto ponga en bandeja las cabezas (o las manitos) de los guerrilleros.

Es tal la degradación de la guerra a la que han llegado la “Far”, que los colombianos ven con buenos ojos que el Estado, sí, el mismo que debe proteger a todos los ciudadanos en sus vidas, pague 5.000 millones de pesos a un delincuente que asesinó a otro. Es decir que, no importa cuán inmoral o ilegal sea la conducta de los asesinos como alias Rojas, aquí, comenzando por el Gobierno, la gente le perdona todo a quienes entreguen vivos o muertos a los guerrilleros. En esta guerra todo se vale y así lo ha demostrado el Presidente. Esto lo tiene claro Uribe desde el primer día de su mandato, claridad que tiene dos orígenes: el primero, la sed de vengar a su padre después de que las Farc lo asesinaran, y el segundo, el hecho de que Uribe se crió en un ambiente que le permitió desarrollar unas herramientas que lo hacen pensar, actuar, decidir como los mismos criminales, pues como lo ha demostrado con creces, él no tiene escrúpulos en los temas de “orden público”.

Nadie en el Gobierno se detiene en asuntos morales o ilegales o en el cumplimiento de las normas de derecho o los tratados internacionales, pues en esta guerra contra las Farc Uribe cree que el Estado puede delinquir con tal de defenderse, y el país lo apoya en eso.

Reconozco que me he equivoqué en el pasado al pensar que Colombia no podía tener como presidente a un ciudadano como Álvaro Uribe y me resistí a eso por seis años. Pero hoy entiendo que para manejar un país con una delincuencia organizada y sanguinaria como la que tiene Colombia, no podemos tener como presidente a Sor Teresa de Calcuta. No, Colombia necesitaba un presidente que actúe y piense como lo hacen los delincuentes, y Uribe es ciertamente esa persona.

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Notícula: ¿Y acaso la ayuda de Chávez a las Farc se puede ocultar así de fácil? Pronostico malos vientos, porque este gravísimo tema está pegado con babas y con el bla bla bla de nuestros folclóricos y tropicales presidentes. “Where the bananas grow, there is no civilization”.

felipezuleta.blogspot.com

 

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