Por: Humberto de la Calle

¿La misma frase de siempre?

Ha dicho el presidente que las elecciones de mañana son una oportunidad para derrotar el terrorismo venga de donde viniere. El Presidente tiene razón, si bien la frase no es nueva ni su contenido es igual al que tenía en el pasado. Hasta hace poco, todas las autoridades involucradas han repetido que el ejercicio del sufragio es una importante respuesta democrática contra la guerrilla totalitaria y violenta.

Pero en esta ocasión, esa frase ya no tiene el contenido nítido que ostentaba en el pasado.

Hay una especie de involución preocupante.

Hasta la década de los ochenta, la frase podía ser materia de discusión pero tenía una precisión quirúrgica. De un lado estaba la democracia, con todas sus debilidades y manchas; y del otro unas guerrillas que, cualquiera hubiese sido la razón invocada, adoptaron la violencia como método de dominación y consecución de poder. No importa que ahora se discuta el carácter político de sus actos; en todo caso estábamos hablando del poder. No interesa el ropaje, la verdad es que las votaciones eran una respuesta política importante.

En una segunda fase, hacia finales de los ochenta, comenzaron a aparecer las autodefensas. Pese al alegato pertinaz de que tenían vínculos con sectores del Estado, esta discusión tomó cuerpo en el circuito de los derechos humanos, pero no en el circuito electoral. Sin perjuicio de la discusión sobre las deficiencias en el sistema político que implicaban la comisión de actos cada vez más pavorosos, bien sea por incapacidad del Estado o por alegada complicidad, todavía esto no había contaminado la cuestión propiamente electoral.

Estamos en la tercera fase. Ahora la pregunta no es sólo de qué manera votar es un castigo a una guerrilla que perturba con la violencia y la amenaza el ejercicio del sufragio, sino que del otro lado surge una preocupación adicional de inusitada gravedad. ¿Cuánto del voto está condicionado por la acción de grupos paramilitares, bien mediante la intimidación, o -y esto es lo grave- mediante la vinculación de la acción política a la empresa de dominio territorial de unos criminales cuya sevicia asume proporciones catedralicias? Cuando se dice que el voto es una respuesta al terrorismo, no puede olvidarse cuánto de ese mismo terrorismo, de aparente signo contrario, se verá favorecido por el voto.

En esta coyuntura electoral, pues, está en juego mucho más de lo que solía estar en el pasado. El consabido titular de la prensa del lunes, era: Derrotado el terrorismo. Mucho me temo que el titular del lunes 29 será: ¿Derrotado el terrorismo?

Ominoso signo de interrogación que muestra una crisis superior a la vivida en los pasados cuarenta años.

El resultado crucial de mañana no es la repartición de las dignidades locales entre la muchedumbre confusa de partidos, producto de una explosión que la reforma electoral apenas si logra contener, sino el auge o la contención del fenómeno de la parapolítica.

Ese es el punto crítico, mirando el asunto en perspectiva de fondo.

El señor Joe Toft, legendario y odiado agente de la DEA en Colombia, salió de este país más o menos dando un portazo, gritando que esta era una narcodemocracia. Toft fue demonizado de inmediato.

Sus palabras cobran vigencia, no como diagnóstico, que puede ser exagerado, pero sí como manifestación de un riesgo serio e inminente.

Esperemos que mañana Toft resulte total y plenamente equivocado.

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