Por: José Fernando Isaza

De incentivos y subsidios

PARECERÍA QUE HAY OPOSICIÓN a los subsidios, es decir las transferencias dirigidas a los grupos de menor ingreso.

Estos, orientados, por ejemplo, a la salud, a la educación, a la vivienda de interés social tienen un positivo impacto sobre la distribución del ingreso, cuando son bien enfocados. Cuando existían subsidios a los combustibles, la mayor oposición era a un combustible empleado para cocción en las clases populares, sin embargo el subsidio a la gasolina de aviación, que era superior al del cocinol, no tenía tantos opositores. Los subsidios a la alimentación de niños y ancianos se califican de “asistencialistas” para desacreditarlos.

Por el contrario, pocas críticas se dirigen, por ejemplo, a uno de los sectores más subsidiados, los ingenios azucareros. Cuando el precio internacional se reducía, el precio interno subía con el argumento de compensar las pérdidas de exportación; por el contrario, cuando el precio externo era alto, también se subía el precio interno para evitar el contrabando de exportación. En esa época la importación de azúcar estaba prohibida. Hoy como el mercado es más libre el subsidio se le otorga con los precios de etanol, combustible que es por ley de obligatorio consumo.

Es bueno aclarar que cuando las transferencias de la sociedad se dirigen a los sectores ricos, para no ofenderlos, no se llaman subsidios sino incentivos.

En las democracias modernas las tarifas del impuesto de renta son progresivas, el porcentaje aumenta al crecer el ingreso gravable. En Colombia esto no sucede, las reformas tributarias disminuyen los impuestos cuando se realizan inversiones que de todas formas se harían; o si la empresa localiza en una zona franca. El monto de estos subsidios, perdón, incentivos, supera el déficit fiscal. Los contratos de estabilidad tributaria parecería que los hace inmunes a futuras reformas tributarias.

Para justificar los “incentivos” se combinan estratégicamente con los subsidios. Por eso es muy importante, por ejemplo, mostrar un pequeño agricultor cuando se dan recursos estatales a grandes empresas agroindustriales. O un pequeño panelero para justificar los incentivos a los grandes ingenios azucareros. El valor del subsidio que reciben miles de familias en acción, supera al incentivo percibido por una sola empresa.

El ejemplo más claro es, por supuesto, el programa Agro Ingreso Seguro. El Gobierno informa que en tres años se ha realizado una inversión de $1,4 billones que ha permitido beneficios a más de 316.000 familias colombianas, lo cual arroja un subsidio promedio de $4,4 millones por familia, cerca de 700 veces menor a los subsidios de $3.000 millones que recibieron familias más pudientes, o 110 veces inferior a los grupos que recibieron incentivos del orden de $500 millones. Como lo señala Daniel Coronell, hay una coincidencia entre los aportantes a la campaña de Uribe y a la financiación del referendo con las empresas y personas que recibieron los mayores incentivos. Como en el evangelio se les compensó más del ciento por uno.

Todo parece haberse realizado dentro de las normas legales que aprobó un Congreso de mayoría gubernamental. También se favorecieron los hijos de congresistas y funcionarios del Gobierno, parece que sin romper ni manchar la ley. El maestro Echandía no podría hoy exclamar ¡el poder para qué!

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

 

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