Por: Juan Carlos Gómez

El mito de la escasez

Se espera que el próximo jueves la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos tome una de las decisiones más trascendentales de los últimos años en materia de frecuencias radioeléctricas. Se declararán como bandas de uso libre, entre otras, muchas de las frecuencias que dejaron de utilizar los operadores de ese país con la llegada de la televisión digital, reubicada ahora en otras porciones del espectro.

Los proveedores de contenido, los fabricantes de equipos y los consumidores están de fiesta. Se podrán instalar redes de Wi-Fi mucho más veloces y robustas, que permitirán el acceso libre a internet en cualquier lugar público, incluso en áreas rurales. Como lo declaró Julius Genachowski, director de la FCC, citado en The New York Times, se trata de otra revolución que generará nuevos hábitos y traerá inmensos beneficios sociales y económicos.

Históricamente, las determinaciones de la FCC, como regulador de las telecomunicaciones en el mercado más dinámico del mundo, tarde o temprano se convierten en la práctica en una pauta normativa para casi todos los países, incluido Colombia.

Desde los años 80, la progresiva liberación de frecuencias como “bandas no-licenciadas” se debe en buena parte a escuelas de pensamiento en Estados Unidos que, lideradas por estudiosos como Yochai Benkler, Kevin Werbach y Lawrence Lessig, han desvirtuado el mito de la escasez de las frecuencias. Gracias a los avances de la tecnología, múltiples terminales inalámbricas pueden compartir eficientemente el espectro sin necesidad de que grandes porciones del mismo tengan que ser entregadas con derechos exclusivos a los operadores de red. Ese mito ha legitimado a los estados para ejercer en muchos aspectos un innecesario control sobre las frecuencias, mito que de paso también se ha utilizado para justificar la arbitraria intervención económica y la indebida intromisión en los contenidos que cursan por las redes de telecomunicaciones.

El ejercicio de las potestades de regulación sobre el espectro debe tener como único objetivo el bienestar general, lo cual se traduce en mayor autonomía para los usuarios en la utilización de esas redes. Las terminales y las aplicaciones han creado una nueva cultura que cada vez dependerá menos del Estado y de los operadores; si nos dejan.

 

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