Por: Lisandro Duque Naranjo

Colombianos en Barcelona y Londres

LEVANTAN EL ÁNIMO ALGUNOS COlombianos residentes en el exterior empeñados en divulgar la producción artística de su país.

En Barcelona, por ejemplo, funciona el grupo Imago, liderado por la coterránea Sandra Campos, a quien complementa el bogotano Juan Carlos Concha. Este par de infatigables cumplen seis años ya con su programa “Diáspora”, llevándoles desde acá, a los inmigrantes colombianos de la Ciudad Condal, novelistas, poetas, cineastas y luchadores en temas como el desplazamiento, las desapariciones y el medio ambiente. La “Diáspora” de este año, durante 17 días, tuvo un poder de convocatoria (a vuelo de pájaro diría que del 60% de colombianos, el 15% de latinoamericanos y el resto de catalanes) que marca ya la madurez del evento, forjado a punta de una tenacidad que si en las primeras ediciones no llenaba los salones, en esta última pudo sacar pecho como para decir que ya no tiene vuelta atrás, pues se ha convertido en un referente obligado en la agitada vida cultural de esa ciudad. En efecto, durante los diversos actos, cumplidos todos en instalaciones prestigiosas (el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el cine Casablanca y la sede de la Sociedad General de Autores Españoles), se advertía el interés de los asistentes frente a las últimas ficciones y documentales colombianos, así como ante los recitales, la exposición pictórica de las obras de niños bogotanos de barrios deprimidos y la video-conferencia con quienes desde el remoto Caquetá enseñan a la comunidad, niños principalmente, a narrar audiovisualmente sus cotidianidades y conflictos. Fuimos tantos los invitados, que si los enumerara se me comerían la columna entera. No podría, sin embargo, dejar de agradecer el hecho de que “Diáspora” me distinguió programando cuatro de mis películas ante un nutrido público que tuvo la caridad de no dormirse viéndolas en tandas de a dos, y abrumándome luego con palabras cuyo afecto atribuyo más a la nostalgia que les produjo ver su tierra en la pantalla que a la calidad de lo exhibido.

Sandra y Juan Carlos —quienes en Barcelona y Bogotá cuentan con un grupo de jóvenes sin los que la logística de su transnacional poética sería imposible—, han hecho de “Diáspora” una verdadera embajada colombiana en España. Su credibilidad les ha ganado el apoyo de la élite empresarial, pública y privada, de la arisca Cataluña.

De Barcelona viajé a Londres, al evento “Colombiage 09”, organizado por tres muchachas colombianas con voluntad de hierro: Landa Acevedo-Scott, su directora, Sandra Liliana Tabares y Laura Suárez. El encuentro, que va ya por su tercera edición, se cumple en el mítico Riverside Studios, donde Chaplin y Samuel Beckett, en sus respectivos momentos, montaban sus obras. Un fin de semana dura esa fiesta de la cultura, que a ratos adquiere visos como de carnaval, pues siempre llevan un grupo musical, siendo el de este año La Mojarra Eléctrica. Luego de cada acto en el siempre repleto auditorio, escuchando a Carolina Sanín disertar sobre su novela Todo en otra parte, o a Hollman Morris contando sobre su temerario peregrinar en Colombia buscando restos de masacrados, o a Jacobo Vélez, el de La Mojarra, invocando las musas negras que nutren su música, o a Sergio Cabrera y yo botando corriente sobre nuestro cine y el de los demás, tanto los expositores como el público —mitad colombiano y mitad británico—, pasábamos a un gran salón que proveía a satisfacción tamales, empanadas, chorizos y, por supuesto, bebidas espirituosas. En ese confinamiento voluntario y ruidoso, de fácilmente 300 personas, seguía el debate con mayor vehemencia que en los flemáticos proscenios.

Mi agradecimiento para Landa, Sandra y Laura. Y para su grupo de apoyo formado por gente de excelencia como Óscar Guardiola, un académico de porte victoriano, con muchos saberes. Silvia Ospina, de una hospitalidad íntegra. Johanna Zuleta, declamadora de Kipling, guía de museos y anfitriona risueña. Su marido, David, más noble que toda la realeza de Londres. Y Nils, un británico de todo el maíz.

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