Por: Lorenzo Madrigal

Lesa humanidad y humanidades ilesas

TEMA ESPINOSO COMO POCOS ESTE de los delitos de lesa humanidad. Siempre han demandado una definición más explícita, si bien el instinto natural los reconoce tan pronto aparece alguno de esos episodios de la crueldad humana.

Se trata de los delitos atroces, como antes se prefería llamarlos, más algunos que se han agregado. Son clásicos la muerte de un semejante en estado de indefensión; la tortura; la desaparición forzada y uno que podría reunir los tópicos anteriores, el delito de secuestro.

Son considerados también delitos de lesa humanidad los que afectan a agrupaciones perseguidas con sevicia y los magnicidios. Que tales delitos no prescriben, dicen ya algunos jueces. Volverían, entonces, a los estrados judiciales los actores principales del Palacio de Justicia, por ejemplo. Pero, según el jurista Reyes Alvarado (ilustración), consultado por la W Radio, no va a ser así: los procesos de los guerrilleros concluyeron por la vía del indulto y, por si fuera poco, el Estatuto de Roma no opera contra ellos por ser norma posterior a los hechos del Palacio.

Según el ex candidato presidencial Gustavo Petro, en el mismo diálogo, no renace el proceso para el M-19, porque, sencillamente, los que actuaron en la toma están muertos. No quedó uno solo vivo y, por el contrario, a algunos rehenes se les signó con el mote de guerrilleros.

Ninguna de las dos respetables tesis me convence: la del jurista, porque a mi modo de ver no se está hablando del Estatuto de Roma y de su vigencia retardada, sino de una doctrina no estatuida, remitida, quizás, al fondo sin fondo del derecho de gentes.

La tesis reduccionista del político, tampoco es convincente, toda vez que los que entraron matando al Palacio de Justicia y anunciando que arrojarían cadáveres de magistrados por la ventana (no sé por cuál ventana, pues el viejo edificio sólo contaba con una puerta, más el orificio que abrió el Ejército), quiero decir, que esos que entraron al Palacio no son todos los que son; permanecen por fortuna ilesos algunos de sus dirigentes mayores, quienes alegan haber estado fuera del país o, pienso yo, que, muy jóvenes, la conciencia no les dio para haber repudiado hechos tan execrables.

Entonces, hay delitos inhumanos en ambos extremos: en la guerrilla asaltante con todo y sus dirigentes supérstites y en los militares, a los que se les fue la mano represiva: tiraron bombas que fueron a parar al baño, donde estaban los rehenes o, según se está demostrando, sacaron vivos a quienes luego aparecieron calcinados.

Aquí no se ha ensayado una ley de Punto Final o de Obediencia Debida, como en Argentina, que no parece haber servido, pero que al menos igualaría a los unos con los otros. Pero las víctimas de todos ellos, ¿qué dirían las víctimas ante un nuevo indulto, esta vez militar?

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Madrigal

Tomémonos el poder

Otros tiempos y una nueva Navidad

Hormigas y graneros

Marchas multipropósito

Dejen ganar a Claudia