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hace 51 mins
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Coimas reeleccionistas

CON LO QUE SE ESTÁ EMPEZANDO A conocer sobre el gigantesco soborno con el que el Gobierno hizo aprobar la reelección, la frase de Uribe “el gobierno persuade y no compra conciencias” se constituye en otra de sus leguleyadas —en las que es experto— y además en una descarada mentira.

Sí, ahora ya sabemos cómo “persuade” el régimen a los congresistas esquivos. No es con discursos, ni con argumentos. La dialéctica oficial es con puestos y, además, con dinero en efectivo, según la escandalosa revelación de Yidis Medina, quien vino acompañada de recibos de consignación que acreditarían los pagos a ese otro héroe de la reelección, Teodolindo Avendaño. ¿Quién es el contratista estatal que pagó 200 millones? No me extrañaría que fuese alguno de los que hoy apoyan la trielección.

La excusa del Gobierno en el sentido de que no se le puede creer a Yidis, porque en la Procuraduría había dicho lo contrario hace cuatro años, es insostenible. Cuando Yidis compareció a esa Procuraduría lo hizo de la mano de agentes del Gobierno y sin documento alguno que avalara su dicho. Ante la Corte compareció sin la vigilancia de nadie cercano al Gobierno y acompañada de documentos que deben tener temblando a varios funcionarios y a uno que otro contratista. Lo otro que hace creíble ahora a Yidis es que, sin existir cargos en su contra, se retractó de lo que dijo en la Procuraduría no para exonerarse, sino para autoincriminarse. Esas diferencias están a salvo de coartadas como las que invocan el Presidente y sus ministros, comprometidos todos, como en Fuenteovejuna.

A lo anterior se suman unos movimientos extraños de Sabas Pretelt y del ex viceministro del Interior, Hernando Angarita, para acercarse a Yidis, curiosamente cuando tocó las puertas de la justicia. ¿Cuál es la razón para aproximarse a Yidis por los días en los que anunciaba su intención de prender su ventilador? ¿ Querían silenciarla o intimidarla?

El Gobierno supone que todos somos idiotas cuando intenta vendernos la versión de que los funcionarios salpicados, en particular el ministro Diego Palacio, sí hablaron con Yidis y Teodolindo, pero no de la reelección del mesías. ¡Cuento chino!

Lo que ahora está pasando no es igual a lo que aconteció en el pasado, cuando también llovieron prebendas y canonjías a los parlamentarios. Aunque ambos sucesos son censurables, hay una diferencia que no puede soslayarse y que hace ilegítimo el Gobierno presidido por Uribe. En el pasado se compraban con puestos los votos de los parlamentarios, para que apoyaran un proyecto que favoreciera sus regiones o la ley de presupuesto, o la de transferencias. Lo de la reelección es diferente, porque si bien se compraron votos de congresistas, ello no se hizo para apoyar una región o un proyecto de beneficio común, sino para favorecer a una sola persona natural: Álvaro Uribe Vélez, el mismo que cree que en él se confunde además el Estado, como en las épocas de Luis XIV, el Rey Sol.

Por más esfuerzos que se hagan, por más tergiversaciones de los medios aplaudidores, lo que ha quedado vestido con el precario ropaje de la ilegitimidad es la Casa de Nariño y su inquilino, quien tarde o temprano tendrá que renunciar. Nada podrá solucionar esta situación, ni siquiera un nuevo referendo o una consulta popular, mucho menos otra reforma constitucional para aprobar más reelecciones. Ya lo verán, esto apenas comienza.

Por lo pronto, por la misma razón por la que no pudo posesionarse el doctor Hernando Angarita como nuevo Superintendente de Salud, en cuanto se supo de su “reunión humanitaria” con Yidis, igualmente deberían renunciar los funcionarios implicados en ese carnaval de “coimas”, en el que terminó convertida la lujuriosa e ilícita aspiración de Uribe de hacerse reelegir.

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Adenda.— ¿Quién está matando a los sindicalistas. Van 24 muertos este año, en plena seguridad democrática? ¿Otro genocidio, como el de la Unión Patriótica?

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