Apagón en Venezuela: el país está en riesgo de quedarse un mes sin luz

hace 4 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El de la vista gorda

NO TENGO MOTIVOS PARA PENSAR que Felipe Muñoz, el director del DAS, sea perverso, pero desconciertan sus actuaciones.

Muñoz llegó al DAS el 22 de enero de este año, en la mitad del incendio que dejó María del Pilar Hurtado, la primera mujer en la historia en dirigir el organismo de inteligencia y en mentirle descaradamente a la Corte. A los pocos días de asumir el cargo, la revista Semana divulgó un primer informe confirmando que en el DAS había una oficina de espionaje ilegal orientada desde la Presidencia, como se rumora desde hace años. Apenas estalló el escándalo, Muñoz empezó a dar palos de ciego y no ha parado.

Lo primero que hizo fue integrar un comité de crisis con los funcionarios del área de inteligencia involucrados en el desastre, Fernando Tabares y Jorge Alberto Lagos. Cuando los hechos tozudos obligaron a Tabares y Lagos a renunciar, Muñoz optó por pedirle a la Policía que asumiera las interceptaciones. La iniciativa fue acogida por el Gobierno, sin importarle que la delegación fuese precisamente a la entidad que un año antes botó a una docena de generales por otras interceptaciones ilegales.

Como ni el comité de crisis, ni la delegación a la Policía pararon la tormenta, entonces Muñoz entró en la fase de minimizar lo ocurrido y soltó la tesis de que todo se debía a un simple desorden interno administrativo, y no a una gran conspiración.

Dado que la hipótesis del desorden administrativo tampoco pegó, Muñoz se embarcó en una purga en el DAS y declaró varias insubsistencias. ¿A quiénes sacó? A unos funcionarios de menor rango, que en su mayoría no laboraban en Bogotá sino en provincia; es decir, probablemente echó a personas que lo merecían, pero no a los protagonistas de las “chuzadas” y seguimientos.

Y como para que no quede duda del rosario de vacilaciones, lo último que hizo el “nuevo” director del DAS, que ya lleva un trimestre en ejercicio de sus funciones, fue desintegrar el tenebroso grupo GONI, desde donde se operó la siniestra “máquina criminal”, de la que habló el ex presidente Gaviria. Lo que Muñoz debió haber realizado desde el primer día, vino a hacerlo esta semana, sólo cuando la misma revista que denunció los graves hechos de corrupción que él ha minimizado, revelara que hay más cosas graves en esa olla podrida de la guerra sucia orquestada por la banda de la “Casa de Nari”.

Muñoz es buena persona, pero tendrá que enmendar la plana, porque parece estar más interesado en encubrir que en descubrir, o en mirar para abajo cuando ha debido mirar arriba, para dar con los “Montesinos” de este régimen corrupto y asesino, que siguen inexplicablemente protegidos por otras autoridades timoratas o cómplices.

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Adenda No. 1. Hay que asumir que la condecoración a Uribe de las abolidas “Cortes de Cádiz”, dizque en “pro de las libertades”, también premió los “falsos positivos”, las “chuzadas” a defensores de derechos humanos como José Miguel Vivanco, los asesinatos de sindicalistas, y los seguimientos a magistrados, opositores y periodistas.

 Adenda No. 2. El senador liberal Camilo Sánchez, denunciante de los ministros absueltos en la Procuraduría por la “yidispolítica”, se esfumó cuando estaba en oportunidad de controvertir ese fallo. Qué curioso que Sánchez, el único habilitado para impugnar esa decisión, sólo apareciera en el último Consejo Comunal presidido por Uribe.

 Adenda No. 3. Tomás y Jerónimo Uribe, los “hijos del ejecutivo”, asediaron al ex presidente Gaviria en busca de absolución y para protegerse de la bancada liberal en el debate que se avecina en el Congreso. ¿Lograrían ambas cosas?

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