Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El equilibrista

INCREÍBLE PERO CIERTO. SERGIO FAjardo recorre el país empeñado en una campaña presidencial, y aún no sabemos qué piensa de las cosas obvias.

De este ex alcalde lo que se sabe son banalidades. Por ejemplo, que las mujeres suspiran porque lo creen divino, y él se siente en pasarela; o que en la academia lo recuerdan porque en sus días de profesor le encantaba desafiar los buenos modales, extendiendo sus piernitas en las mesas de juntas de rectores y oficinas universitarias.

Y que no se conozca cuál es el pensamiento político y social de este precandidato, no obedece propiamente a que los medios lo ignoren, porque es consentido de comunicadores y de muy poderosos empresarios con influencias en periódicos y noticieros varios.

Desde sus épocas de alcalde, Fajardo sabía ingeniárselas para que los medios locales, que también lo consentían, le cambiaran al reportero que incomodara con sus preguntas o sus juicios. Fueron varios los periodistas que cayeron en desgracia con la administración de Medellín, y curiosamente fueron relevados de cubrir esa fuente de información. Hoy, cuando intenta jugar en las grandes ligas, también Fajardo tiene protectores que protestan airadamente por un reportaje desfavorable, o alfiles en distintos medios que como perros rabiosos están dispuestos a morder a quien se atreva a cuestionarlo.

Fajardo no suele responder, al menos de manera clara, ni convincente. No lo digo solamente por su inexplicable silencio sobre el papel que jugó Don Berna (el otro, no Moreno) en la gobernabilidad de su Alcaldía; ni por su mutismo cuando desde esta columna lo exhorté a que informara quién le financia sus correrías y si ha rendido o no cuentas a la Registraduría.

En efecto, hace unos días le preguntaron a Fajardo si encontraba algo que no le gustara de Uribe y contestó que preferiría reservarse su opinión. En otra ocasión, Fidencio Mena, que se mueve en las altas esferas del uribismo desde la gobernación de Uribe en Antioquia, reveló en una reciente entrevista a este periódico que un controvertido personaje antioqueño había pagado la fiesta de celebración cuando Fajardo ganó las elecciones. El ex alcalde a regañadientes salió a explicar sin convencer, pues no pudo negar su presencia en ese ágape, tampoco que fue en su honor, menos que él no pagó un centavo, pero eso sí, insistió en que nada tuvo que ver con el agasajo.

Pero donde quedó claro que a Fajardo lo que le gusta es no ser claro, fue cuando le respondió a Fabio Echeverri el reparo de que si no apoyaba la seguridad democrática, perdería electoralmente. Sentenció en su defensa que “no soy uribista, ni antiuribista”. Y a renglón seguido, como para no ofender a la tribu criptouribista que está detrás suyo, confirmó su fe en la seguridad democrática, aunque no dio señales precisas de cómo lo haría.

No es creíble esa postura ambigua, suena oportunista, a pretender quedar bien con todo el mundo, cuando lo que genera es desconfianza.

Sostener el equilibrio es peligroso. Hasta los más grandes acróbatas del mundo han sucumbido. Eso podría pasarle a Fajardo, así las firmas encuestadoras estén dispuestas a hacernos creer que, como la Virgen María, puede concebir sin romperse ni mancharse.

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Adenda. Si Luis Carlos Restrepo, sin causa justa, recusó temerariamente al presidente de la Cámara para sacarlo del trámite del referendo, es de esperar que recuse, allí sí con fundamento, a los 84 parlamentarios que están denunciados penalmente ante la Corte Suprema, por haber votado el referendo reeleccionista sin esperar a que la Registraduría aprobase las sucias cuentas de sus embusteros promotores.

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2009-05-30T01:42:16-05:00

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