Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Hedores oficiales

LA ÚLTIMA ACTUACIÓN DE MARIO Aranguren, no desde su oficina sino desde la “Casa de Nari” acabó con su precaria reputación y develó el nido de víboras que comanda: la UIAF.

A las 8 y 30 de la noche del pasado domingo, misteriosamente Aranguren expidió un comunicado en el que, para justificar sus investigaciones ilícitas, lanzó mantos de duda sobre los magistrados de todas las Cortes.

¿Cuál fue el detalle que motivó a Aranguren a soltar un comunicado en el que confesó que delinque con sus subalternos, al tratar a todos los magistrados como lavadores de activos o narcotraficantes? ¿Por qué expedirlo a semejante hora y día tan inusual y desde la oficina presidencial?

Hay varias coincidencias que se presentaron esa noche siniestra en la que el director de la UIAF hizo otro mandado, como los del director del DAS, o los del desprestigiado Consejo de Ministros presidido por Valencia Cossio, o los de Diego Palacio, insultador de los jueces que condenaron a su amigo Teodolindo, curiosamente antes de que Aranguren soltara el perverso globo contra ellos.

Ese domingo desde temprano se supo que Noticias Uno divulgaría el informe del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía (CTI) sobre las “chuzadas” y seguimientos a magistrados, opositores y críticos. ¿Cómo lo supo el Gobierno ? El régimen lo sabe todo, no sólo la vida privada de todo el mundo.

Consciente el Gobierno de que haría mucho daño el informe del CTI sobre las porquerías de la UIAF y el DAS, precisamente en la semana en la que inició su oportuna visita el Comisionado de la ONU, en la “Casa de Nari” pretendieron cambiar el rumbo mediático, poniendo a Aranguren a manchar el buen nombre de magistrados probos. Esa estrategia “joseobduliesca” se fortaleció con las veladas amenazas de investigar a los más altos jueces, propaladas por la Comisión de Acusaciones, donde Uribe también es amo y señor.

El objetivo lo lograron. Al día siguiente ningún medio retomó el informe del CTI  divulgado por Noticias Uno, pero sí las sindicaciones de Aranguren contra los magistrados, y más tarde todas las noticias se ocuparon de los movimientos intimidantes de la “Comisión de Absoluciones” contra los jueces que tanto le incomodan a este gobierno perseguidor y mafioso.

¿Por qué si Aranguren anda en esas, el Absolvedor y Perseguidor de Alejandro Ordóñez no toma cartas en el asunto, en vez de liderar la campaña de desprestigio contra el pulcro senador Jorge Enrique Robledo, acusándolo de la monstruosa calumnia de sostener vínculos con las Farc? ¿Y qué pasa con los subalternos del Fiscal que todo lo del DAS le huele mal, pero tampoco avanzan?

El problema no se reduce, como cree Uribe, a que unos servidores del DAS hayan hecho cositas malas, según lo dijo en Canadá, desde donde escribo esta columna y he comprobado que su presencia fue ignorada por todos los medios, porque allá no dependen del primo hermano de Pablo Escobar, ni de la adjudicación de un tercer canal.

La cosa es seria. Es una ofensa que las autoridades toleren que desde la Presidencia se defiendan con el vulgar expediente de enlodar a todos en supuestos ilícitos, para salvarse de faltas que van camino de la impunidad, gracias a un Procurador que, como Ordóñez, ahora oficia de conciliador cuando es amanuense del Gobierno que protege con sus providencias.

No más directores de la UIAF o del DAS o ministros sindicados de cohecho, lanzando canalladas contra las honras ajenas en las narices de procuradores o fiscales cómplices.

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Adenda. Claridad la de la candidata Marta Lucía Ramírez: “Soy la más independiente del uribismo”.

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