¿Cuáles son las razones de la movilización?

hace 6 horas
Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El perjuro palaciego

URIBE PRETENDE EL ABSURDO DE que sus declaraciones en las emisoras amigas sean testimonios judiciales rendidos bajo la gravedad del juramento.

Es un insulto que quien ha prometido cumplir la Constitución crea que su poder le permite rendir testimonio no ante los jueces ordinarios, sino sin que nadie lo pueda contrainterrogar y haciendo alarde de prestar juramento ante la audiencia de dos cadenas que tiemblan ante él.

Pero dejemos de lado las formas y examinemos el dicho de tan exótico testimonio mediático. Insistió Uribe en que ninguno de sus subalternos ordenó interceptar o seguir a nadie. Algo se ha avanzado desde que estalló el escándalo, pues ya no se alega que no hubo “chuzadas” ni seguimientos, dizque porque no aparecen las grabaciones que el mismo Gobierno destruyó. Ante las evidencias inocultables, hoy la coartada es que los responsables de esa guerra sucia fueron otros. La respuesta se parece mucho a la de Juan Manuel Santos, quien al ser cuestionado sobre su responsabilidad en el espionaje a la Corte Suprema, respondió que los “chuzadores” “no se atrevieron” a pedirle nada, porque lo conocen. Todos a una, como en Fuenteovejuna.

Si quien dio la orden de “chuzar” y seguir a todo el mundo no fue un subalterno de la casa presidencial, y si la Fiscalía reveló las pruebas de que toda esa podredumbre se fraguó en la “Casa de Nari”, entonces el único que queda por descartar es el testigo radial, Álvaro Uribe. Como diría el admirado presidente López Michelsen, si no es Uribe, entonces quién.

A menos que el propio Gobierno esté ahora interesado en sindicar a un particular, como parece desprenderse del críptico comunicado en el que indicó que “ningún funcionario de la Casa de Nariño” impartió instrucciones ilegales al DAS. Sí, en los pasillos de la oficina presidencial y en los del despacho del jefe de seguridad, general Flavio Eduardo Buitrago Delgadillo, diariamente deambulan abogados litigantes, asesores externos, contratistas, caballeros de industria, lagartos. Qué dirá, por ejemplo, José Obdulio, de quien ahora se sabe que también andaba reunido con “chuzadores”. En todo caso, si la orden provino de un particular, que intenten convencernos de que Uribe tampoco se dio cuenta.

Sería bueno que la justicia encuentre al responsable de esta tragedia, sea subalterno o uno de los asesores privados que prestan sus servicios al mesías, porque mientras siga protegido con el silencio de sus secuaces, los colombianos tenemos todo el derecho de seguir pensando que fue Uribe, a pesar de sus falsos juramentos.

A propósito de la justicia, dan risa las sindicaciones de Uribe, según las cuales hubo presión al Fiscal y a la Jueza que también sospechan de la “Casa de Nari”, porque en la audiencia de imputación de cargos a los del DAS se hizo presente una de las víctimas, un magistrado de la Corte, que fue previa y regularmente citado a esa diligencia. El insólito derecho totalitario acuñado por Uribe, permite ser testigo por radio e impedirle a la víctima ejercer sus derechos, y a los poderosos sostenedores de los victimarios sacar pecho con sus fechorías.

¡Qué cinismo! Uribe hablando de presiones a la justicia. Él, que llegó intempestivamente a una sesión de los magistrados del Consejo Electoral, a pedirles que aprobaran el primer referendo; él, que cuando la Corte Constitucional le negó una audiencia pública para la emergencia social, mandó a su ministro Valencia Cossio, a pedir que lo oyeran privadamente; en fin, él, que ha ultrajado a los jueces en todos los tonos.

Adendas:

• Infame la declaración de Alejandro Ordóñez contra Piedad Córdoba, condenándola sin haberla oído y vencido en juicio, por la imposible falta de traición a la patria.

• Ahora Uribe es el candidato en trance de resultar derrotado por primera vez, mientras que Juan Manuel es apenas un actor de reparto… de puestos. Qué vergüenza la tímida y tardía reacción del Procurador, ante la grosera intervención en política de Uribe, al descalificar a Mockus.

[email protected]

198740

2010-04-17T23:00:00-05:00

column

2010-04-17T23:00:00-05:00

none

El perjuro palaciego

20

4231

4251

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ramiro Bejarano Guzmán

¡A marchar!

Bombardero derribado

El otoño uribista

El que pregunta es porque sabe

¡Pobre Cali!