Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El retorno de Vivanco

LA ONG HUMAN RIGHTS WATCH, LIderada por José Miguel Vivanco, corroboró en su informe los obstáculos ejercidos por el Gobierno a las investigaciones contra el paramilitarismo y la parapolítica.

El trabajo de un año de Vivanco y su equipo —cargado de datos, testimonios y documentos— fue respondido por un comunicado destemplado, facturado en caliente. Fue tan precipitada la reacción oficial, que el locuaz Pachito Santos, otrora la voz cantante en derechos humanos, se vino lanza en ristre contra la famosa ONG, calificándola con epítetos  necios, al estilo de Chávez.

Uribe está molesto porque, si bien el informe reconoce que las autoridades han realizado avances en la investigación de los paramilitares y sus aliados, el mérito se les atribuye a los jueces, no al Ejecutivo. El Gobierno no pudo desmentir esa apreciación de la ONG, que además compartimos muchos colombianos. O, alguien cree que la parapolítica, por ejemplo, habría tocado tanto pez gordo del uribismo, si las investigaciones hubiesen dependido de la “Casa de Nari”. Por supuesto que no.

Tampoco dijo mentiras el informe cuando concluyó que el gobierno de Uribe en varias oportunidades ha tomado acciones y medidas que amenazan con frustrar los avances logrados por los jueces contra las fuerzas oscuras del paramilitarismo. Lo que divulgó la ONG al respecto nos consta a todos, incluidos los más fervientes uribistas. Para no ir muy lejos, recuérdese el confuso litigio contra el magistrado Iván Velásquez, en el que aún sigue sin descifrarse el complot en su contra, y lo peor, sin investigarse a sus encumbrados autores.

El informe que tiene enardecido al Gobierno ha dicho que Uribe reiteradamente profiere ataques personales contra los magistrados de la Corte, y eso no es un chisme. El Primer Mandatario ha acusado a la justicia de ser golpista, sólo porque algunas de sus decisiones no le gustan o porque afectan a sus aliados; en otras ocasiones a sus magistrados los ha acusado de decidir con sesgo político, y respecto de algunos de ellos ha insinuado groseramente que padecen nostalgia de las Farc. Dónde, pues, está la supuesta inexactitud que tanta roncha ha levantado, si todos oímos esas intemperancias presidenciales.

Lo que es insólito es que Uribe pretenda disfrazar sus insultos y atropellos a los más altos jueces de la nación, con el embeleco de que se trata de simples diferencias debatidas públicamente. No señor, la cosa es mucho más grave que una disparidad de opiniones entre el Jefe de Estado y las cortes. Una cosa es disentir y otra intimidar.

Y es risible que el Gobierno al pronunciarse sobre el informe de la ONG  sostenga sin sonrojarse que “las instituciones colombianas son un ejemplo de funcionamiento independiente, respetuoso y complementario entre ellas”. Aquí la única autoridad libre es la que ejerce omnímodamente Uribe. Detrás de su poderosa influencia quedaron arrodilladas instituciones autónomas, como la Comisión de Televisión, el Banco de la República, la Fiscalía General, la mayoría de las cortes, empezando por el Consejo Presidencial de la Judicatura —hoy prodigando sentencias de tutela que escandalizan—, pues nadie se atreve y el que lo haga que se exponga a la ira santa del príncipe.

 En fin, Uribe tiene que saber que no fue por azar que el informe vino con el diciente título “¿Rompiendo el control?”.

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Adenda.- Es un imperativo moral leer el impresionante y extraordinario libro Trujillo, una tragedia que no cesa, en especial para mis paisanos vallecaucanos. Ignorar lo que allá pasó y está ocurriendo es la peor forma de complicidad.

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2008-10-17T23:53:23-05:00

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