Por: Salomón Kalmanovitz

La enseñanza de la economía

El currículo de estudios universitarios en el país está orientado por la especialización y la profesionalización tempranas. Los problemas que se derivan de esta estructura se han hecho más evidentes en la medida en que la educación superior se ha masificado.

Antes, cuando la educación superior se restringía a la élite, la preparación escolar de la mayor parte de los estudiantes era relativamente buena, de tal modo que las falencias aunque importantes no eran abrumadoras. Hoy las escuelas públicas y las que atienden a los estratos pobres de la población muestran deficiencias abismales en sus métodos de aprendizaje.

La consecuencia es que la mayor parte de los estudiantes llegan a la universidad sin haber desarrollado sus competencias de lectura, de escritura y de razonamiento matemático y abstracto. Les falta también haber entendido los rudimentos de una ciencia natural como la biología, para entender la esencia del método científico, y no saben situarse en la geografía, en la historia mundial o en la nacional. Para hacer el problema más grave, muchos estudiantes no han descubierto su vocación y se sienten asfixiados por la profesión que han escogido estudiar.

Un problema más general con la estructura educativa colombiana (y latinoamericana, según lo ha mostrado Eduardo Lora del BID) es que la especialización temprana es prematura y por lo tanto redundante. Ningún sistema en el mundo forma un profesional avanzado en un pregrado, que siempre ha sido la pretensión nacional.

La importancia creciente de los posgrados en el país, que ahora se adentran en el territorio de los doctorados faltándole más de un hervor, pone de presente que en el pregrado no se puede hacer lo mismo sino concentrarse en desarrollar las competencias básicas de los estudiantes más un ciclo de 4 semestres de introducción a la profesión en la que aspiran formarse. Eso significa también que los pregrados pueden hacerse de 4 años y no de 5 y más como sucede ahora.

En las carreras de economía y profesiones afines el problema es el mismo: los estudiantes no leen libros, revistas o periódicos, lo cual les frena la lectura de textos complejos; no dominan tampoco la redacción, que es una competencia indispensable en todas las burocracias privadas y públicas. Pasan, además, sin entender la sociedad en que les va a tocar desenvolverse.

El currículo colombiano está lleno de materias profesionales con cursos bastante avanzados de teoría y econometría. Ello ha dificultado reducir el tiempo de estudio a cuatro años, aunque se han hecho los esfuerzos para reducirlo a nueve semestres con diversas opciones de grado que facilitan la salida de los estudiantes. Se podría pensar en reducirlo a ocho semestres, al mismo tiempo que se incrementan materias como español (literatura con talleres de redacción), historia general, historia de las ideas. Se pueden dejar para el nivel de maestría los cursos más avanzados de economía que hoy se están enseñando con una baja productividad, precisamente porque no se han creado las capacidades para que los estudiantes absorban ese conocimiento y aprendan por sí mismos.

El programa colombiano de economía tiene algunas fortalezas, como la presencia de cursos de economía colombiana, historia económica general y del país e historia del pensamiento económico, que desarrollan en el estudiante la imaginación histórica y un mejor conocimiento sobre el origen y evolución de su profesión. En administración se enseña historia empresarial colombiana, que se convierte en el gran laboratorio de casos para los estudiantes en la toma de decisiones, con la presencia ya de una buena bibliografía en español.

Una de las más graves fallas que encontró el estudio de Lora es la poca utilización de métodos de enseñanza basados en el quehacer propio y que pueden ser apoyados por la internet: talleres, experimentos de economía, manejo de los bancos de datos y resolución de problemas.

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