Por: Santiago Montenegro

Malcolm Deas, colombiano ilustre

ESTA SEMANA, EL PRESIDENTE DE LA República otorgará la ciudadanía colombiana al historiador británico, de la Universidad de Oxford, Malcolm Deas, quien vino por primera vez a nuestro país hace más de 45 años.

Desde entonces, ha visitado Colombia continuamente y ha estudiado nuestra historia y política con una dedicación inigualada por “colombianólogos” de otras partes del mundo. Su contribución a Colombia es invaluable. Durante ese período, el profesor Deas ha dirigido tesis de doctorado y de maestría de decenas de estudiantes, ha dictado centenas de conferencias y seminarios y ha invitado a muchísimos académicos y políticos colombianos a la Universidad de Oxford para reflexionar sobre nuestro país, la región y el mundo.

En los próximos años, permanecerá aún más tiempo en Colombia porque se acaba de jubilar, razón por la cual ha sido objeto de varios homenajes. El último de ellos tuvo lugar la semana pasada en el Museo Nacional, organizado por la Sociedad de Estudiantes Egresados de Oxford. En un gratísimo ambiente de amistad y camaradería, un numeroso grupo de ex alumnos y amigos de Malcolm Deas resaltaron su contribución a la historiografía y al Estado colombiano.

En el estrecho espacio de esta columna, quiero decir que Deas me enseñó a entender que en Colombia hemos tenido mucha más nación de los que muchos analistas y académicos habían estado dispuestos a aceptar. Por ejemplo, con un meticuloso estudio de fuentes primarias, el profesor Deas nos mostró cómo, desde mediados del siglo XIX, los partidos históricos convocaron a los colombianos, no sólo en las ciudades grandes, sino desde las más pequeñas comarcas, en torno a propuestas que eran necesariamente nacionales.

Su estudio de las finanzas públicas durante el siglo XIX es pionero, no sólo para Colombia, sino para Latinoamérica. Sin desconocer errores y deficiencias, Deas también nos enseñó a apreciar la naturaleza liberal del Estado colombiano, resaltando cómo, a diferencia de otros países del continente, en Colombia elegimos a los gobernantes por medio de elecciones, esos gobernantes han sido casi siempre civiles y han hecho un uso limitado del poder. Consistente con esta visión, Colombia es un país en donde el poder ha estado fragmentado y ha estado ausente el populismo.

Para estudiar y plantear éstas, y tantas otras ideas, Deas jamás se ha cansado de enfatizar que es fundamental realizar estudios comparativos. Por ejemplo, para analizar las guerras civiles del siglo XIX, ha planteado que hay que comprender las guerras del resto del continente. Que para entender mejor la política colombiana hay que estudiar, no sólo la política y la política y las instituciones de Venezuela o de la Argentina, sino también las del Reino Unido o las de Italia. Deas ha sido también un crítico implacable de estudiar la historia y la política con la camisa de fuerza de cosmovisiones y narrativas preconcebidas.  En lugar de acercarse a estudiar la realidad con concepciones estructuralistas, o cepalinas, o marxistas o neoliberales ya definidas, Deas inculcó la importancia de ir primero a las fuentes y a los datos y, sólo después, tener el arrojo de hacer generalizaciones teóricas. Alguna vez le oí decir “hasta donde yo sé, Antonio Gramci jamás estudió la política del Tolima”.

En la metáfora de Isaiah Berlin, El Erizo y el Zorro, Malcolm Deas es claramente un zorro. Es un personaje gótico tratando de abrir puertas y ventanas y recomponer espacios en medio de los tercos y vanos intentos de simetría, generalización y equilibrio de nuestro agobiante edificio barroco. 

 

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