Por: Uriel Ortiz Soto

Revocatoria, la mejor opción

Son varias las columnas que hemos escrito sobre la revocatoria del actual Congreso de la República. Con los pronunciamientos hechos recientemente a favor, por autorizados congresistas, voceros de diferentes partidos, creemos que se nos está dando la razón.

¿Hasta cuándo los colombianos tenemos que soportar semejante vergüenza, con un Congreso tan seriamente cuestionado por los continuos escándalos de parapolítica, ausentismo y corrupción? ¿Será que el actual congreso tal cual está conformado por un carrusel de segundos, terceros y hasta cuartos de las listas, es legítimo? ¿Será también que ante los electores, semejante esperpento legislativo, aún tiene credibilidad?

Estos tres interrogantes es preciso dilucidarlos y responderlos ante la opinión nacional, con el fin de sacar serias conclusiones, que aunque por dolorosas que sean, primero está la salud de nuestra democracia y sus instituciones republicanas, que seguir sosteniendo un circo de engaños y de mentiras frente a la opinión nacional e internacional.

No olvidemos que ante los ojos del mundo y de los organismos internacionales, el fenómeno de la parapolítica, además de ser tan grave, lo es mucho más cuando se quiere persistir en los mismos errores, puesto que la mayor institucionalidad democrática de nuestro país se considera inamovible y sus miembros con todos los cuestionamientos a cuestas quieren seguir legislando en nombre del pueblo colombiano. ¿Será que esas leyes si tienen validez y dignidad para ser aplicadas a la opinión publica nacional? No olvidemos que la pureza de los actos administrativos dependen de la legalidad democrática de sus leyes.

Son varios los congresistas conscientes de semejante situación, que no se sienten bien ante sus conciudadanos porque todos los días reciben cuestionamientos de diferentes sectores de la sociedad, tildándolos de cómplices por no aplicar los correctivos que se merecen ante tan difíciles circunstancias. Considero que el actual Congreso, tal cual está operando y conformado, prácticamente se ha autorevocado, pero corresponde al señor Presidente de la República oficializar tal determinación.

En la semana que termina, escuchamos al senador Héctor Elí Rojas haciendo serias consideraciones sobre la legitimidad del actual Congreso. No es para menos. Quienes con alguna frecuencia visitamos el Capitolio Nacional podemos observar que se trabaja en medio de un ambiente tenso y de nerviosismo, puesto que diariamente aparecen titulares con nuevos parlamentarios acusados de haber recibido prebendas de los paramilitares, grupos guerrilleros o delincuentes comunes, para llegar al Senado o la Cámara de Representantes.

Según destacados analistas y constitucionalistas, para luchar por un nuevo Congreso limpio y honesto se requiere, en primera instancia, revocar el actual e inmediatamente proceder al nombramiento de una miniconstituyente que se encargue de redactar la reforma política que el país necesita. Posteriormente, debatirla amplia y suficientemente en todas las instancias de la vida nacional. Luego, convocar al constituyente primario para que la vote, finalmente programar nuevas elecciones parlamentarias, elegir un menor número de senadores y representantes, los cuales deberán ser elegidos siguiendo los lineamientos de la nueva reforma política ampliamente debatida y aprobada.

Casi podríamos intuir que la reforma política que afortunadamente acaba de hundirse en el Congreso de la República no solucionaba en nada la gran problemática nacional que estamos viviendo y casi podríamos intuir también que si no se hace la reforma política con seriedad y responsabilidad, como el país la viene requiriendo con suma urgencia desde hace varios años, no vale la pena continuar convocando a elecciones por votación popular.

De antemano ya se sabe que los barones electorales seguirán manejando las urnas a su acomodo. Tanto el Congreso, como los partidos políticos, por los bochornos conocidos, no tienen autoridad moral para hacer las Reforma Política.

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