Por: Pascual Gaviria

Combate olímpico

EL MEDALLERO OLÍMPICO HA SIDO siempre un tablero privilegiado y sencillo para los alardes políticos, un argumento de propaganda que termina con un balcón presidencial como punto más alto del podio. Aunque parezca increíble, la oportuna sacudida de un yudoca puede ser más efectiva que los informes del Banco Mundial.

No en vano la URSS y los Estados Unidos llegaron a extremos ridículos en su competencia por las medallas de cinco anillos: las gimnastas eran tratadas como un gabinete estratégico y los boxeadores tenían los delirios megalomaníacos de los héroes de guerra.

Aprovechando el antagonismo oficial entre Venezuela y Colombia y el calificativo de púgiles que la prensa ha entregado con largueza a los presidentes Chávez y Uribe, se me antojó dar un vistazo a nuestras posiciones en el cuadro general de medallería y a las posibilidades de las banderas tricolores en Beijing. La verdad es que los logros olímpicos de Miraflores y la Casa de Nariño son bien parejos: dos bronces venidos desde Atenas nos obligaron a compartir el puesto 69 y las pesas como uno de los deportes que lograron metal. Venezuela salió de un ayuno de 20 años sin himno en los olímpicos y nosotros confirmamos que sin damas no hay paraíso: desde la medalla de Eliécer Julio en Seúl 88 los hombres se han venido en blanco.

En el escalafón de todos los tiempos la República Bolivariana tiene el mismo oro solitario de Colombia, la misma pareja de plata y 7 bronces que le sirven para estar un escalón y una medalla por encima nuestro. El boxeo ha sido el deporte con más éxitos olímpicos para los dos países, lo que demuestra que los lustrabotas y los vendedores de pescado son la mayor gloria de nuestros pueblos. Y los puños su única salida.

El empate técnico termina cuando miramos hacia China. Hugo Chávez acaba de condecorar a los 102 deportistas que han clasificado hasta ahora para representar a Venezuela en Beijing. En cuatro años logró algo más que duplicar el número de embajadores olímpicos: “Estamos comenzando a brillar en el mundo”, dijo el Teniente Coronel vestido con el uniforme oficial de su legión deportiva. Luego “encadenó” los canales de televisión para que transmitieran el acto sí o sí y soltó su andanada de costumbre: “Lamentablemente los grandes medios de comunicación no les dan importancia a estas jornadas (…), por mezquindad. Son mezquinos con Venezuela, porque no tienen orgullo patrio”. Tal vez el único rasgo positivo de la cubanización que sufre el país vecino sea el swing que dejan los más de 6.000 instructores y técnicos isleños en los movimientos de sus deportistas. Chávez juega a la grandilocuencia deportiva y la sustenta con dólares de sobra. Mientras Colombia gastó 4,7 millones en preparar todo su ciclo olímpico, el gobierno rojo, rojito, invirtió más de 8 millones sólo en becas para sus deportistas de alto rendimiento. Más incentivos, pago de entrenadores, millones para las ligas, centros de alto rendimiento, fogueos internacionales y un largo etcétera de pista y campo. No hay duda de que el vil metal sirve para atraer los metales nobles. Venezuela es el décimo quinto país del mundo en la relación entre deportistas olímpicos por número de habitantes.

Por el lado colombiano también aparecieron las declaraciones presidenciales sobre la confianza y la autoestima que entregan los deportistas. Pero nuestros números están lejos de los de Venezuela. Hasta hoy Colombia ha clasificado 65 atletas para los olímpicos, apenas 10 más que los que viajaron a Atenas. Sin embargo, nuestras 14 medallas de oro en los Panamericanos de Río 2007, contra las apenas 10 Venezolanas, pueden significar que tenemos más madera de finalistas y que el centenar largo de Chávez es una fanfarronada de décimos lugares. Sólo algo es seguro: el boxeo, la lucha y el taekwondo definirán el ganador del duelo deportivo entre los dos combatientes suramericanos.

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