Por: Alberto Carrasquilla

Combo

Acaba de conocerse un hecho tan importante para la discusión de la coyuntura financiera internacional, como interesante conceptualmente: resulta que la tasa de inflación anual en la Unión Europea fue negativa tanto al cierre de 2014 (-0,1%) como el pasado mes de enero (-0,5%). Este hecho, conocido como una deflación, no había ocurrido a nivel de la Unión en toda su historia y genera diversas inquietudes.

En primer lugar, y no obstante el hecho de que los indicadores podrían estar reflejando aspectos coyunturales, como la caída en el precio de diversos commodities, lo cierto es que la cifra refleja fuerzas estructurales. Entre estas fuerzas se destaca, desde luego, un duo notable: el estancamiento de la demanda y el proceso de saneamiento de los balances de las entidades financieras, empezando por los bancos.

De cara a esta pareja de fuerzas estructurales las recomendaciones más usuales de política económica han sido y siguen siendo, no muy sorprendentemente, lo que en Chapinero llamaríamos un “combo” expansionista: que el Banco Central compre venteado instrumentos financieros de largo plazo con el fin de estimular la demanda privada y que la Unión Europea no moleste tanto con la tal austeridad fiscal y permita de una buena vez mayor margen de gasto público.

En el frente monetario, las cosas parecen ir de manera inatajable en la dirección del “combo”. El Presidente del Banco Central Europeo ya dijo hace un par de años que haría lo que hubiera que hacer monetariamente, frase que no puede significar cosa distinta a que la entidad que dirige, incapaz de bajar más su tasa de interés por sustracción de materia, ya presentó en sociedad un programa de compra de títulos de largo plazo parecido al famoso y ya extinto relajamiento cuantitativo del FED americano, cuyo efecto fue triplicar la base monetaria, devaluar el dólar y disparar el precio de diversos activos, como los commodities. Esas compras buscan subir el precio de los bonos, lo que equivale a bajar la tasa de interés de largo plazo, con lo cual a su vez se pretende incentivar la inversión empresarial y el consumo de los hogares. Dudo mucho que tenga mayor efecto en la demanda europea por una serie de razones. Primero, porque en Europa las empresas emiten mucho más crédito bancario a tres o cinco años que bonos a diez o veinte. Segundo porque si se logra subir el precio de las viviendas, lo cierto es que esos recursos no van a implicar mayor efecto en el consumo. Entre otras, porque en Europa hoy día ya la tasa es muy baja (hay menos hipotecas a tasa fija) y porque los bancos son mas conservadores, lo cual implica que la relación entre deuda y precio del inmueble es más baja y que la figura de un crédito nuevo de consumo, con garantía en un incremento en el precio de la vivienda subyacente no es tan bien visto.

En el frente fiscal jamás he logrado entender cómo hay quienes tipifican como de “austeridad fiscal” al período 2008-2013, en el cual la deuda pública, como porcentaje del PIB, sube de 109% a 175% en Grecia, de 39% a 92% en España, o de 72% a 128% en Portugal. Todos estos países tenían un déficit externo sustancial en 2008 –entre 10% y 15% del PIB-- y en 2013 todos tuvieron superávit externo, lo cual significa que el sector privado fue el que se ajustó en el período y que lo hizo de una manera brutal. No creo que la situación en Grecia hubiera sido mejor si la deuda pública hubiera llegado no a 175% del PIB sino, digamos, a 200% o 250%. Empezando porque dudo mucho que hubiera quien financiara el dichoso experimento. Si no es claro el concepto de austeridad fiscal, mucho menos lo es la noción de arrancar un programa nuevo y agresivo de gasto público que eleve aún más los ya preocupantes niveles de endeudamiento estatal observados en la actualidad.

El “combo” expansionista es tan popular en los países endeudados como peligroso para la comunidad internacional entre otras razones porque, durante unos minutos, ejerce como un sedante que apacigua los dolores de una enfermedad crónica y, con pacientes indecisos y vacilantes, se tienden a posponer los procedimientos verdaderamente efectivos. El hecho es que las reformas de fondo han sido pobres, que no se ven en el horizonte y que entre mas “combo” se implemente, mayor será el calado de las reformas necesarias posteriormente.

 

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