Comenzó el último año de Duque

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Con el inicio de la tercera legislatura del actual Congreso de la República empezó también el tercer año para el presidente Iván Duque, que en realidad es el último, si se tiene en cuenta que este es el momento para que procure dejar una marca o un legado y que el Legislativo le apruebe los proyectos más importantes de su período de gobierno.

Duque no puede pretender pasar a la historia como el presidente que enfrentó la pandemia del COVID-19, en primer lugar, porque no fue para eso que se lo eligió y, en segundo lugar, porque este es un hecho circunstancial de carácter mundial, que nadie previó y que en todos los países se salió de las manos.

Por eso llegó el momento para que el primer mandatario realice los ajustes que requiere su gabinete, colocando personas formadas y con experiencia en el manejo político de los temas de gobierno, que puedan enfrentar en el Legislativo los debates de los proyectos que se van a presentar para su aprobación, es decir, los de reforma laboral y pensional, reforma al código electoral, reforma a la salud y reforma a la justicia.

Si Duque no aprovecha el tercer año para sacar estos temas adelante, su paso por la Presidencia será como lo ha sido hasta el momento: sin pena, ni gloria, dedicado a apagar incendios y a pescar en río revuelto, tratando de meterse en asuntos internos de Venezuela para tumbar a Nicolás Maduro y así ganarse el corazón de la opinión pública.

Sería ilógico que el presidente se espere hasta el último año de su gobierno para meter el acelerador a estos proyectos, porque entre julio de 2021 y julio de 2022 es un período electoral, cuando los congresistas estarán ocupados en sus campañas y poca atención le han de prestar.

Es por esto que el primer mandatario debe aprovechar para dar inicio a una reforma a la justicia, pensada no para arreglarles los problemas judiciales a los políticos uribistas que en el pasado fueron condenados, sino para permitirle un mejor y mayor acceso al ciudadano del común, y que se encuentre en sintonía contra todas las formas que hoy tiene el crimen organizado en nuestro país.

También es necesario que el Gobierno nacional piense en una reforma a la salud, que ponga en cintura a las EPS y garantice la atención al paciente y no a la enfermedad, como ocurre en estos momentos. Sin olvidar, eso sí, brindar mejores condiciones laborales al personal que presta sus servicios en esta área.

En lo que tiene que ver con la reforma electoral, si en realidad se quiere presentar un buen proyecto, se debe pensar en transformar el Consejo Nacional Electoral, que no es sino una vergüenza para el país, porque no tiene ninguna presentación que los magistrados que lo conforman sean postulados por los partidos que estos deben vigilar, y que sean los senadores y representantes de estos mismos partidos quienes los elijan. Una especie de ratón cuidando el queso.

Los debates no serán fáciles, y es por esto que Duque debe pensar en rearmar su gabinete ministerial, colocando al frente a personas que sepan abordar una discusión con el Legislativo y con la opinión pública, pero con altura, no al estilo de la actual ministra del Interior, Alicia Arango, quien parece confundir a los seres humanos con vacas y caballos en medio de un hato ganadero.

Ha comenzado el que en realidad es el último año para que Iván Duque deje una marca en el país que lo recuerde y que evite que su gobierno siga pasando como hasta ahora, es decir, sin pena ni gloria.

@sevillanosca

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