Por: José Fernando Isaza

Cómics

Suena a frase de cajón, pero sí hubo una época dorada de las historietas.

 Benitín y Eneas, Educando a papá, Dick Tracy —quien empleaba radio (reloj y tv) reloj, ciencia ficción de la época y hoy objetos comunes—, Mandrake el mago, El Fantasma y su casta novia Diana, Lorenzo y Pepita, la típica familia de clase media norteamericana, con perritos incluidos; cómics argentinos precursores de la genial Mafalda. El otro yo del doctor Merengue, personaje creado por Guillermo Divito en 1945. Eventos de la política colombiana recuerdan a este personaje.

El Dr. Merengue es una especie de Dr. Hyde criollo: un abogado de prestigio, un club man, de impecable comportamiento social y laboral, cuando habla sale de él una especie de fantasma, su otro yo, que dice lo que en realidad piensa, pero que las normas sociales le impiden expresar, hoy diríamos que por restricción del lenguaje políticamente correcto. Si por una manifestación no puede movilizarse, dice: “¡Oh caramba! Una protesta corta el paso en la avenida, espero que se resuelva pronto”; su otro yo dice: “Que venga la policía y los haga mierda” (textual de Divito). Si pierde en el casino, agradece al crupier; su otro yo dice: “Te voy a matar, jugué el sueldo y quedé en la ruina”.

Retornando a Colombia, cuando se oyen las declaraciones del presidente refiriéndose al proceso de paz anunciando un acuerdo parcial, o reiterando que la paz está por encima de sus aspiraciones reeleccionistas, o cuando se refiere a los adversarios reconociéndoles que la paz se hace con los enemigos y no con los amigos, cuando reconoce que la guerrilla no sólo ejecuta actos terroristas sino que tiene unas ideas políticas —aceptables o no— o cuando declara que el derecho a la paz está en el mismo nivel que el derecho a la justicia y el derecho de las víctimas, a renglón seguido parecería que su otro yo aparece, el ministro de Defensa, utilizando un lenguaje camorrero, desafiante, insultante, sin ningún matiz que permita deducir que para él es posible una solución diferente a la aniquilación del enemigo, cualquiera que sea el costo.

No ha sido explícito el presidente al referirse a las permanentes declaraciones belicosas de su ministro, por lo cual tiene sentido preguntarse: ¿las opiniones del ministro están alineadas con la política del presidente o éste juega el papel de su otro yo? Puede pensarse que el presidente y su ministro se dirigen a diferentes audiencias, lo cual confunde a la opinión y es una política poco eficiente y transparente.

El acuerdo sobre participación política con las Farc, aunque parcial y que no compromete a las partes hasta que todo esté negociado, permitirá saber si el Gobierno tiene una política unificada sobre la participación ciudadana.

El acuerdo estipula que darán garantías para la movilización, la protesta, la convivencia pacífica. Habrá una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia y no estigmatización.

Lo anterior implica que el ministro de Defensa tendrá, muy a su pesar, que archivar su proyecto de ley para reprimir aún más y judicializar penalmente las movilizaciones ciudadanas. El espíritu y el texto de la propuesta gubernamental (¿o sólo ministerial?) está en oposición a lo acordado en La Habana. ¿Qué hará el presidente? ¿Aceptar que no hay en el Gobierno una política unificada sobre la finalización del conflicto o confirmar que sí existe el otro yo del jefe de Estado?

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