Por: Mar Candela

¿Cómo amamos o deberíamos amar las feministas?

Hoy, siendo una Feminista Artesanal que teje y desteje toda realidad que nos atañe para lograr vivir como mujeres putamente libres. Escribo como una feminista militante del amor. Porque estoy convencida de que el feminismo debe atravesar el amor. Porque el amor es el campo de batalla más hostil que enfrentamos todas y por causa del amor es que muchos nos matan según lo que ellos entienden por amor.  Y algunas matamos por la misma causa.

Hemos tratado de romper patrones.

Hemos entendido que no existe una sola manera de amar, que el amor es diverso, que todas las formas de amar son válidas siempre y cuando sean conscientes. Hemos entendido que el amor sí se debe pensar, reflexionar, intelectualizar, filosofar y meditar las veces que sea necesario para gestionar apropiadamente nuestras emociones y las realidades que enfrentamos a partir de ellas.  Ya entendimos que no es cierto que el amor es una fuerza irracional que no podemos entender y controlar como lo dictan poetas y poetizas entre miles de voces expertas sobre el tema del amor. Ya entendimos que tecnócratas del amor no lograron encontrar el modelo amatorio perfecto.

Ya hemos enfrentado la monogamia y la hemos desmontado como modo único válido y legítimo de amor. Lo mismo al amor heterosexual como ley única amatoria, al igual que el amor que crea adicción afectiva y sexual. Ya hemos postergado más de lo que hubiésemos deseado eso de decir “te amo”.  Y ya nos hemos convertido es unas reprimidas emocionales a razón del miedo a amar y ser dañadas. Ya hemos lamentado el amor y hemos hecho todo tipo de experimentación humana tratando de escribir y reescribir la verdad del amor libertario. Ya hemos fracasado millones de veces en nuestra búsqueda de ese amor perfecto que no ata, no doblega, no coarta o cualquier otra cosa que nos quita el derecho a vivir libres y plenas sin miedo. En un artículo maravilloso de Kattalin Miner, ella afirma: “Las feministas no hemos renunciado al amor. De hecho, no tenemos nada en contra del amor, ya que nosotras también nos enamoramos locamente, igual que las demás. Eso sí: aunque lo intentemos, es cierto que nos cuesta gestionar ese amor sin obedecer a la norma hegemónica”.

Coincido con ella. No obstante, creo firmemente que no es imposible desobedecer a esa norma hegemónica y que como feministas ese debe ser nuestro objetivo primario en el amor.

He llegado a la conclusión para mi vida de que el amor feminista no se trata de una fórmula perfecta, ni de estatutos inamovibles. Se trata de ser libres para reconocernos. Yo soy una mujer de naturaleza poliamorosa que decidió constituir una vida monógama por practicidad social, política y cultural. El feminismo me enseñó a conocer y reconocer todo en mi ser interior para no autoengañarme y engañar. Yo entiendo perfectamente que no soy promiscua, aunque para mí es claro que la promiscuidad no es algo de lo que las personas deban sentirse mal ya que la sexualidad promiscua es válida siempre y cuando no engañe ni dañe a alguien.  Otro día hablaré de la promiscuidad como realidad humana.

Mi punto hoy es el amor. El poliamor es la capacidad de darse profundamente en todo aspecto humano incluyendo el trato sexual a más de una persona sin motivaciones efímeras y con el objetivo de construir camino de vida.

Compartir mi militancia feminista en materia del amor implica compartirles a las personas que me leen mi experiencia porque es desde ahí que yo milito.  Y no es un ejercicio fácil. Lo hago porque sé que estas reflexiones nos ayudan a crecer más allá de cualquier juicio de valor que tengamos que soportar al compartir estos temas.

 No voy a decir que yo tengo la solución Mi mensaje de hoy  es simple:

No sabemos qué queremos ni qué esperamos del amor. Lo que siempre sabemos en el fondo de todo nuestro ser es aquello que no queremos, y es eso lo que las feministas debemos entender, comprender y asimilar. Todas las maneras de amar son válidas si hay acuerdos claros, si no hay manipulación afectiva y no hay de ninguna manera violencia. Ninguna tiene la fórmula mágica del amor, no obstante. Si entendemos qué cosas no podemos aceptar de ninguna manera en nuestra búsqueda amatoria estaremos salvando nuestras vidas de la posibilidad de ser una víctima más de la sistemática violencia de género desde la afectividad. Porque con esa consciencia nosotras no amaremos a alguien que no nos haga sentir amadas y valoradas porque entenderemos que nuestro amor empieza por nosotras mismas.  Eso nos convierte en heroínas de nuestra vida.

Nuestro primer laboratorio feminista empieza en el aprendizaje de ejercitación de nuestra inteligencia emocional.

Colofón: Otro día hablaré del amor bígamo y otras maneras de amar que están en el armario de muchas personas por terror a la inquisición social

* Ideóloga de Feminismo Artesanal

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