Por: Marcos Peckel

¿Cómo cae un gobierno?

La inquietud obedece a regímenes autocráticos o dictatoriales cuya terminación no está determinada por ley o proceso democrático alguno, sino por las vías de hecho, de las cuales hay abundancia. Un autócrata puede caer cuando es derrocado por un golpe de Estado, una conspiración de las propias entrañas, una rebelión armada, una intervención extranjera, un “accidente de avión” o un asesinato.

O en ocasiones, “por presión de la calle”, cuando la población se manifiesta de manera pacífica contra el régimen, como ocurre actualmente en Venezuela. ¿Quién puede ganar este pulso? ¿Qué tiene que pasar para que finalmente el gobernante saque bandera blanca y responda a las exigencias, no siempre unívocas, de la población? ¿Cómo se mide el equilibrio de fuerzas entre un régimen que controla las fuerzas de seguridad del Estado y la gente en las calles? ¿Qué tanta represión está dispuesto el aparato militar a aplicar para mantenerse en el poder o proteger al tirano?

Las experiencias alrededor del planeta son diversas. A finales del año pasado en la República de Gambia el presidente Yahya Jamé, tras 22 años de dictadura, fue derrotado en unas elecciones que “él debía ganar” y fue solamente la intervención militar de la Unión Africana lo que lo obligó a entregar el poder.

En Túnez, donde estalló la primavera árabe, Zine El Abidine Ben Alí fue derrocado tras protestas masivas en la capital que las fuerzas de seguridad se negaron a reprimir. Perdiendo su control sobre el aparato militar, a Ben Alí no le quedó más remedio que abandonar el país. Días más tarde, Egipto se paralizaba con las multitudinarias protestas en la plaza Tahrir en El Cairo, millones de personas no se movieron hasta que Hosni Mubarak renunció tras 30 años en el poder. En este caso los mismos militares lo lastraron para seguir ellos gobernando, como ocurre actualmente.

En Brasil, Fernando Color de Mello fue destituido por el Congreso acusado de corrupción tras masivas movilizaciones de la población que “persuadieron” al Congreso de que ese era el camino a tomar para la nueva democracia. En Europa del Este, tras el fin de la Unión Soviética parecía cuestión de tiempo la caída en dominó de los regímenes comunistas, sin embargo fue la presión de la calle la que finalmente los “convenció” de que no había otra salida.

Sobre Venezuela gravita la pregunta: ¿Caerá Maduro? El régimen está atrincherado y aparentemente dispuesto a todo; y la población, que ha perdido el miedo, levantada contra el régimen. ¿Qué desencadenaría la caída final? ¿Un paro general, mayor presión internacional, un cisma interno del chavismo o un golpe militar para “restaurar la democracia”? Las propuestas desesperadas de los últimos días muestran a un dictador en su laberinto, pero no acabado todavía. ¿Caerá?

 

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