Por: Santiago Villa

Cómo cambia el poder en China

Cerrarán durante una semana todos los clubes nocturnos. Se pospondrán los partidos de fútbol. Harán que los cielos sean azules y libres de contaminación. El internet se reducirá a su más censurada expresión, incluyendo un bloqueo de la aplicación WhatsApp. En los grupos de chat se ha prohibido hablar de política. Los personajes de las telenovelas harán comentarios espontáneos elogiando al Partido Comunista. Mañana se reunirán 200 políticos a puerta cerrada para decidir la política que regirá durante los próximos cinco años en el país más poblado del mundo.

El congreso quinquenal del Partido Comunista de China es el equivalente a un año electoral en una democracia corriente. Se ratificarán o cambiarán a los miembros de los más altos órganos de gobierno: el Comité Permanente (siete miembros) y el Politburó (25 miembros), se realizarán modificaciones a la Constitución y se promulgarán nuevas leyes y reglamentaciones.

Al final, la agencia de noticias estatal, Xinhua, publicará un comunicado explicando los resultados de la reunión. Ningún observador externo sabrá con exactitud científica qué sucedió durante el XIX Congreso del Partido Comunista de China. El gato en la caja podría estar, a la vez, vivo y muerto.

Pero no habrá sorpresas. Me explico:

Los analistas que hacen cábalas sobre la política interna del Partido Comunista, en un ejercicio medio teosófico por su impenetrabilidad, barajan una serie de nombres de los candidatos que podrían reemplazar a los que se jubilarán del Comité Permanente. Aparentemente serán la mayoría. Repito: habrá un cambio en la mayoría de los miembros del órgano de gobierno más alto del Estado chino —en China los miembros de un órgano son elegidos por los miembros del órgano inmediatamente inferior, que es más numeroso a causa de la estructura piramidal de poder—. Esto tiene una enorme importancia y a la vez no cambia nada.

Se especula sobre las facciones a las que podrían pertenecer los nuevos miembros. Algunas, centradas por lo general en los distintos expresidentes de China (al igual que sucede en Colombia), perderían fuerza, y probablemente se fortalecerá la del presidente actual, Xi Jinping. Los más osados querrán adelantar quién entre las estrellas ascendientes podría ser el llamado a reemplazar al actual primer mandatario chino en el año 2022, cuando Xi terminará los tradicionales diez años de gobierno que han tenido los secretarios generales del Partido Comunista durante las últimas tres décadas.

El secreto para el éxito del totalitarismo chino es una rotación del poder periódica, en un contexto de firme estabilidad política. Es decir, el cambio al tiempo que la estructura permanece igual. 

Arriba dije que no habrá sorpresas. De eso, precisamente, depende el sistema. Si bien está basado en el soviético, el sistema chino ha logrado, evidentemente, mucha mayor sincronía rítmica. 

Suspendamos por un momento cualquier juicio ético sobre el sistema. Es un Estado que cumple con sus objetivos. Es eficaz y a veces incluso eficiente. Ha logrado una reducción en los índices de pobreza mucho más alta que la mayoría de los sistemas abiertos, teniendo 1.300 millones de habitantes. Tiene, como se dijo, transiciones de poder sin traumatismos. Está demostrado: funciona.

Reanudemos el juicio ético. La mayoría de la gente está marginada del proceso de toma de decisiones políticas. La propaganda y el sistema de educación dificultan el desarrollo del pensamiento crítico entre sus habitantes. El pacto social del comunismo, que es el ideal de igualdad de los ciudadanos ante las fuerzas económicas, a cambio del gobierno de un partido único, ha sido secuestrada por el capitalismo salvaje. No sólo hay desigualdad ante el mercado, sino desigualdad ante el Estado, ante la justicia. Los ciudadanos pueden quejarse, y lo hacen, durante reuniones informales, pero expresarlo por escrito podría llevarlos a prisión. Pedir que haya un cambio o una mejora, incluso si es dentro de las reglas mismas del actual sistema, es extremadamente peligroso.  

Pero es estable. Las condiciones de vida han mejorado. Es seguro, si no se desafía la autoridad. Y hay, sin la menor duda, quienes lo prefieren así. Quizás incluso la mayoría. No conocen nada distinto. 

Twitter: @santiagovillach

 

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