Por: Ernesto Yamhure

Como contando novillas

MANUEL CUELLO BAUTE, EX SUPER- intendente de Notariado y Registro, destituido del cargo y condenado a más de nueve años de cárcel por haber cambiado una sanción por diez novillas, alborotó el avispero con su sensacional denuncia sobre la supuesta adjudicación masiva de notarías como contraprestación por la aprobación de la reforma constitucional que incorporó la reelección presidencial.

Para formular esta seria acusación, Cuello se ha apoyado en el abogado Álvaro Rolando Pérez, hijo del ex magistrado de la Corte Suprema Álvaro Orlando Pérez Pinzón. Hasta ahí, pareciera que no hay nada extraordinario ni sospechoso.

Remontémonos al segundo semestre de 2006, cuando comenzó a enriquecerse el expediente que dio origen a la parapolítica. Pues bien, el magistrado que se constituyó en el arquitecto de este proceso judicial fue, precisamente, el doctor Pérez Pinzón, quien trabajó muy estrechamente con su auxiliar, el célebre Iván Velásquez Gómez.

Cuando el magistrado Pérez cumplió su período, montó su oficina de abogado, desde donde comenzó a litigar. Hizo pública su decisión de abstenerse de conocer casos relacionados con la parapolítica, pues consideraba indecoroso ofrecer sus servicios profesionales en un proceso que se había iniciado como resultado de las investigaciones propias de su cargo.

Quien no se cohibió de participar fue su hijo Álvaro Rolando. Sin mucha experiencia en el derecho penal y con su título de abogado obtenido en una desconocida universidad del Tolima —comenzó sus estudios en el Externado, pero la mala fortuna académica estuvo siempre de su lado—, asumió la defensa del ex presidente de la Cámara de Representantes Alfredo Ape Cuello, hermano del ex superintendente.

Ese hecho generó algunas suspicacias en los medios de comunicación. A la revista Semana le llamó poderosamente la atención esa situación, que si bien no constituye ninguna ilegalidad es, al decir lo menos, sui géneris, pues no es muy común que el hijo de un ex magistrado defienda a personas vinculadas a procesos emprendidos por su padre.

Mientras la investigación contra el ex presidente de la Cámara avanzaba a favor suyo en la Corte Suprema, se presentó el desagradable episodio de alias Tasmania. El Presidente de la República le solicitó a la Fiscalía que investigara al magistrado auxiliar Iván Velásquez, declarado enemigo suyo. Pues bien, sorprendentemente, el doctor Velásquez decidió que la defensa correría por cuenta de su mentor y protector, el ex magistrado Álvaro Orlando Pérez, padre del abogado de los Cuello Baute.

Parece que estamos frente a un corral, pero no como los que le gusta llenar de novillas al ex superintendente Cuello Baute, sino como aquellos donde se hacen las encerronas.

Habría que ser muy ingenuo para creer que son puras y elementales coincidencias. ¿No es misteriosa la figuración transversal de los abogados Pérez en estos hechos? ¿Por qué apenas ahora el ex superintendente habla de la supuesta repartición indiscriminada de notarías, si la yidispolítica tiene más de un año y ya hay condenados? ¿No será más bien una sacada de clavo por parte de Cuello, que creyó equivocadamente que podría valerse de su otrora cercanía al presidente Uribe para encubrir sus fechorías?

Corresponderá revisar serena y detenidamente la declaración de Cuello Baute para constatarla a la luz de los acontecimientos, sobre todo en lo que tiene que ver con las fechas y los nombres de las personas que ha mencionado. Así podremos descubrir si está o no diciendo la verdad, porque este es un caso de singularísima relevancia y no se puede abordar como si se tratara de un elemental conteo de semovientes.

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