Por: Iván Mejía Álvarez

Cómo cuesta debutar

Argentinos y colombianos se contagiaron del mismo virus en su irrupción en la Copa América.

La ansiedad los llevó a jugar mal, mostrar  graves desequilibrios tácticos y enormes problemas en la elaboración del juego y por ende en la definición. No es  fácil arrancar una competición, y el recuerdo del campeón mundial, la España de Del Bosque perdiendo en Sudáfrica contra Suiza, debiera llevar tranquilidad a las huestes de Batista y Gómez, pues todavía queda tiempo para mostrar un juego convincente.

Argentina lució abrumada por la condición de favorito y sacrificada por las estériles palabras de su técnico, que se  atrevió a comparar su onceno con Barcelona, un  equipo construido durante mucho tiempo y con mecanismos de repetición que sirven para alentar al mejor jugador del mundo, para rodearlo y darle vuelo. No es lo mismo tener laderos de las condiciones de Xavi e Iniesta, que jugar con Banega y Cambiasso. La ausencia de socios lleva a Messi a intentar la personal y, lo peor, a hacerlo desde atrás pues no hay quien enlace y mezcle.

En el Mundial se había advertido de la inconsistencia que significa juntar a Messi con Tévez. El primer partido en la Copa América confirmó el vaticinio: no son valores concomitantes, no son talentos complementarios, se excluyen y terminan por anularse. El uno aclara y el otro enreda, y Batista, que lo sabe, no tiene los pantalones para enviar al ‘Apache’ al banco, porque le teme al clamor del pueblo.

Más allá de los puntos,  quedan pocos elementos favorables para Colombia. No se puede caer en la temeraria osadía de calificar de gran equipo ese rejuntadito laborioso que se defendió corriendo y corriendo. Los triunfos y las derrotas merecen análisis de fondo y no simples postulados de “yo dirigí bien, yo me equivoqué, o gané” con que Gómez acentúa la faceta de un ego reconcentrado que deja atrás a los jugadores y evalúa el conjunto como si el héroe fuera él.

La elaboración fue escasa; la maniobra atacante lució a golpes de individualidad y nunca por elementos colectivos; cuesta hacer posesión de pelota con posición ofensiva; es casi que imposible clarificar en el primer pase desde el fondo y se siguen enviando pelotazos sin orden; en largos pasajes el equipo se ve alargado y poco compacto. Ganar es una cosa positiva, pero mucho más lo es ganar jugando bien, y Colombia estuvo lejos de eso, de jugar bien, cuando ya van 14 partidos y es hora de mostrar un auténtico equipo.

El miércoles se verán las caras, el uno, Argentina, con la angustia del resultado ante Bolivia y las obligaciones como  favorito; y el otro, Colombia, esperando hacer por fin un partido redondo. ¡Que les pasen el “antivirus”!

 

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