Por: Cartas de los lectores

¿Cómo detener las muertes de tránsito?

Cuando se afirma que en Colombia mueren demasiadas personas por culpa de accidentes de tránsito es preciso entender lo que significa un accidente y las dos primeras acepciones del DRAE dicen: "Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas", y "suceso eventual o acción de que resulta daño involuntario para las personas o las cosas", definiciones que entran en plena contradicción con la calificación de demasiadas personas muertas porque no se trata de sucesos eventuales.

Planteado así, esto es una epidemia y los dos fenómenos tienen tratamientos completamente diferentes: al accidente se le atiende, las epidemias requieren tratamientos con soluciones estructurales para evitar su proliferación y reducirlas al mínimo. Esta diferencia es clave.

El editorial del 6 de enero, "¿Cómo detener las muertes de tránsito?", afirma que se tiene un gran reto y que las autoridades en todo el país deben adoptar medidas para cambiar la cultura ciudadana alrededor de los accidentes; sin embargo, si se trata de una epidemia son las autoridades del país junto con las regionales las que deben enfrentar en conjunto este tratamiento. Ya existe la ANSV, y la coordinación de este organismo con las autoridades locales está por verse en la efectividad de sus resultados.

En el marco de las normas que proliferan en nuestro país se menciona el decreto 813 del 2017 con propósitos loables; sin embargo, es evidente que se trata de cambiar el ADN nacional y eso no es tarea de corto plazo, ni aislada de Bogotá, ni solo de normas.

Es muy colombiano, aunque débil, pretender resultados urgentes, se requieren resultados trascendentes. Si bien se puede compartir la afirmación de Juan Pablo Bocarejo, secretario de Movilidad del Distrito,  de que «todos somos corresponsables de lo que sucede en la vía. Por supuesto, las instituciones tenemos una gran responsabilidad en tomar medidas preventivas, de control y educación, pero todos los ciudadanos debemos entender el impacto de nuestras decisiones en ella», es evidente que la falta de educación de la población colombiana no se resuelve con vigilancia más efectiva o mejorando la infraestructura para reducir este factor de riesgo.

El cambio del ADN, o cultura ciudadana, debe ser el foco del trabajo en esta materia, pero las autoridades deben asegurar que los requisitos para obtener la licencia de conducción no solo de motociclistas, sino de todo tipo de conductores, se cumplen rigurosamente en todo el país, quien no obtenga un porcentaje alto en la prueba no pasa y debe seguir estudiando y aprendiendo.

Particular mención merecen los agentes de tránsito que ofrecen el más patético ejemplo, mal ejemplo, se entiende, de la manera como debe comportarse un motociclista en la vía. Tienen prioridad por el servicio que prestan y ciertas prerrogativas en condiciones particulares, eso es claro, pero deben ser disciplinados en otras situaciones.

La afirmación de que las personas son responsables es cierta, pero el Estado ha sido laxo y, por omisión en el cumplimiento de sus obligaciones, ha fomentado el estado actual de cosas, no se trata ahora de encontrar culpables, pero es imperativo no exculparse con tanta facilidad.

Luis Felipe Castro Zapata. Gerente general, Lituus Mobility Consulting.

 

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