Por: Marcos Peckel

¿A cómo Groenlandia?

Groenlandia, una isla de dos millones de kilómetros cuadrados, 80% cubierta de hielo de hasta tres kilómetros de profundidad puede considerarse el techo del mundo  con base en  el globo terráqueo diseñado hace siglos por  europeos, techo que por el cambio climático está literalmente haciendo agua.

Según reporta la revista Foreign Policy,  la rata de deshielo es actualmente seis veces más alta que hace 40 años. Partes de la isla son hoy usadas para actividades agrícolas que hace unos años eran impensables. La desaparición de glaciares ha abierto nuevas rutas de navegación apetecidas por la triada,  Rusia, China, Estados Unidos,  cuya disputa geopolítica ha llegado también al polo norte y alrededores. El deshielo actual y futuro allanará  el acceso a invaluables recursos naturales: petróleo, gas y minerales raros  de amplio uso en equipos electrónicos, protegidos hasta ahora por el hielo.

Aunque nominalmente parte del Reino de Dinamarca, los menos de cien mil habitantes de Groenlandia, descendientes de diferentes tribus de esquimales, gozan  de amplia autonomía, no están sujetos a las leyes de la Unión Europea medida adoptada en un referendo,  pero como parte de Dinamarca gozan de  sus  beneficios  incluyendo libre emigración y ayudas varias. El principal medio de subsistencia de los isleños consiste en  subsidios y  gabelas generosamente aportadas por Copenhague. Para los nativos el deshielo es una verdadera catástrofe ambiental.

La propuesta de Trump de comprar Groenlandia ni es la primera ni es “traída de los cabellos”. El presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares a Dinamarca por la isla, usada por las fuerzas armadas americanas contra los nazis, pues la consideraba estratégica para  la nueva guerra que se iniciaba contra los soviéticos. Anteriormente, en el siglo XIX  Estados Unidos había explorado adquirir  Groenlandia e Islandia a Dinamarca, operación que no prosperó.

Estados Unidos ha  obtenido  casi un tercio de su territorio a través de adquisiciones: Alaska a los rusos, Florida a los españoles, Luisiana a los franceses, algunos estados  del suroeste a  los mexicanos,  después de conquistarlos militarmente,  además de  varios territorios insulares alrededor del planeta.  Veinticinco millones de dólares nos dieron por Panamá después de habérnosla arrebatado.

China, consciente de las ventajas de “poner un pie” en el Ártico ha tratado por años de comprar tierras en Islandia y Groenlandia, lo que ha sido impedido por presión de  Washington.  Dinamarca ha sido históricamente un aliado  incondicional  de  Estados Unidos  independiente del gobierno de turno. La fuerza aérea estadounidense   mantiene desde la segunda guerra una base estratégica en Groenlandia  por lo que una vez más Trump lanza un “gancho a la mandíbula” a un Estado amigo,  ignorando  que  en pleno  siglo XXI  no se usa que Estados vendan territorios a otros Estados y menos a través de “pataletas por Twitter”. Ahora es tarea de los diplomáticos recoger los pedazos de otro episodio más de “diplomacia trumpiana” y recomponer unas relaciones esenciales para ambos países.  

       

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