Por: Antieditorial

Como los búfalos

Terroristas como el grupo autodenominado Estado Islámico no piensan como quienes deseamos una sociedad civilizada y respetuosa (tanto de las ideas como de las diferencias), y en muchas ocasiones sus estrategias de miedo desestabilizan grupos de personas que actúan como las manadas de venados, cebras u otros herbívoros en las sabanas africanas cuando los depredadores, como los leones, les tienden emboscadas: se asustan, y mucho, con respuestas irracionales que pueden causar muertes.

Suena triste apoyar en este caso la ley del Talión aplicada por el Estado de Jordania —que sí es un Estado reconocido por la comunidad internacional—, pero sus pobladores y gobernantes actúan como los búfalos, quienes reconocen que individualmente son débiles, pero que, actuando unidos, firmes y fuertes, logran enfrentar temporalmente sus “depredadores terroristas”: respetarán un poco al menos la autodeterminación de los pueblos.

La comunidad internacional debe actuar más firmemente tanto por la vía diplomática como por la vía militar, en un coordinado intento por controlar la situación, aprovechando que el problema —aunque mediático— todavía es manejable y no está tan crecido y desbordado como la invasión de Boko Haram en Nigeria, cuyo impacto es más grave y afecta a mucho más población. Curiosamente, sigue siendo ignorado por los gobiernos locales e internacionales, salvo por la noticia del secuestro de 200 niñas hace unos meses.

Guardadas las proporciones, con otro tipo de delitos cometidos por organizaciones delictivas, en 1994 el alcalde Giuliani en Nueva York, basado en teorías como la de “las ventanas rotas”, impulsó una política de tolerancia cero a los “pequeños delitos”, apoyado por el Departamento de Policía de la ciudad. La estrategia consistió en crear comunidades limpias y ordenadas, no permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia urbana. Para el caso del autodenominado Estado Islámico se hace necesaria una política internacional similar, empezando a arreglar las misma “ventanas rotas” a manos del Estado Islámico e iniciando procesos judiciales en la CPI contra los líderes visibles de estos grupos terroristas, a la par de desplegar estrategias de bloqueo directo a sus posibles financiadores sin descuidar el despliegue militar con el objetivo de evitar la “rotura de más ventanas”.

Obviamente, todo esto debe hacerse sin caer en clichés y generalizaciones igual de peligrosas al mismo terrorismo, pues los búfalos atacan a las leonas y otros depredadores siempre que se sientan amenazados los miembros de su manada: pero no atacan por atacar.

Esos personajes del EI que creen fanáticamente en fábulas fundamentalistas y muestran un desprecio explícito por las demás personas y por la humanidad deben saber que existen otros sectores —mayoritarios— que rechazan este tipo de mentalidad y al igual que los búfalos nos sabemos y debemos defender, aun aplicando algo de fuerza.

 

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