Cómo no salir de rumba en pandemia

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¿Basta con prohibir para que la gente obedezca? ¿No están desgastadas las restricciones, en este país que nunca acató leyes porque las leyes no consultan al país? Desde que en la Colonia los portavoces leían el bando en el parque, los habitantes ingeniaban maneras de burlar esa burla.

Colombia no es indisciplinada. Colombia es mal conducida. De ahí la veracidad ácida de este trino de Actualidad Panamericana el 13 de mayo: “Se puede ser colombiano y no salir de rumba en una pandemia, confirma panel de sociólogos”.

La prensa se ha relamido con fotos esposadas de hombres ebrios y mujeres desplumadas, descubiertos por la policía en “fiestas sexuales”. Ningún reportero inquiere por la zozobra que urgió a estos vivarachos delincuentes.

Lo hace, en cambio, cambiadas las circunstancias, el caricaturista Héctor Osuna, patriarca de sus colegas a los 84 años. Bajo su alter ego columnista Lorenzo Madrigal, se desahogó así en El Espectador del lunes: “Y es curioso, no salía mucho de casa, pero ahora me siento encerrado”.

De manera que el problema no es quedarse en casa, el verdadero tormento es sentirse encerrado por un sistema, por una fuerza exterior. Quien por costumbre no suele salir de su casa optó en su libre albedrío. Quien se siente encerrado sufre no por quedarse encerrado, sino por estar constreñido a hacerlo. De ahí que su contratiempo se convierta en un sentimiento que le trepana el coco.

Keshava Liévano, considerado el más importante grafitero de nuestra historia, pintó el lunes pasado una pared en Twitter con estas rayas: “El único sistema que queremos fuerte es el inmune. No más impunidad, queremos inmunidad”.

Es cierto. De cuantos sistemas rigen el caminado de los hombres, el inmune es el más íntimo, inscrito por la naturaleza en el organismo para defenderlo de bacterias, virus y bichos que lo asedian. Tiene astucia para adaptar sus escudos, acondiciona armas contra la ubicuidad y metamorfosis de los agentes patógenos.

Por eso hay que fortalecerlo. Pues una mente debilitada por el sentimiento de coerción se achicharra y vuelve naco el sistema inmune. ¿Los bailadores de las rumbas sexuales no estarán acaso vengándose de un orden que los enferma antes de enfermarlos? Ellos no tienen una columna de periódico para aliviar en ella el desespero de sentirse encerrados.

¡Atención! Criticar el modo como se conduce la constricción no equivale a criticar la constricción. Los bandos que reducen a Colombia a dos polos sin reconciliación por fin hallaron un acuerdo: somos país ejemplar en medidas contra el coronavirus. El confinamiento en las casas nos salva.

La molestia estriba en los modales utilizados para encerrar a la gente. Wilson López, sicólogo profesor de la Javeriana, tituló con pericia un artículo en la reciente edición de Razón Pública: “Aislamiento: disciplina impuesta o construcción social del autocuidado”. Así señaló dos caminos opuestos, dos modales.

Ya lo vivimos con Antanas Mockus, quien siendo matemático y filósofo, académico puro, lanzó mimos a las calles, se disfrazó, se casó en un circo. Todo para comunicar con elocuencias. Y el pueblo aceptó no salir de rumba en pandemia.

arturoguerreror@gmail.com

 

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