Por: Juan Carlos Botero

Cómo NO ser un millonario

Por suerte, a pesar de las altas tasas de desempleo en España, Grecia, Italia y EE.UU.; de la insistencia de aplicar políticas de austeridad en economías que ya están averiadas, lo cual sólo ha empeorado la situación, y de la creciente desigualdad entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco, hemos visto admirables casos de civismo que relucen en medio de la crisis económica mundial.

Por ejemplo, hay un magnate de Las Vegas que ha donado dos millones de dólares, en forma anónima, para causas sociales. Bill Gates, George Soros y Warren Buffett han aportado su dinero e influencia para ayudar a la gente menos favorecida y promover políticas que conduzcan a reducir, no aumentar, la brecha abismal entre ricos y pobres.

Sin embargo, la lección más clara de esta crisis, y la más lamentable, es en el sentido contrario. Es decir: la conducta inmoral de gente rica e influyente que, en vez de practicar el altruismo y la solidaridad social, ha actuado en forma egoísta, aprovechando el sufrimiento ajeno, aplastando a los indefensos y apoyando políticas que sólo beneficiarán a magnates como ellos y perjudicarán a muchos más, pobres ya, de manera aún peor. Mejor dicho: si algo ha mostrado esta crisis, es cómo NO debe actuar un millonario.

Por ejemplo, John Paulson advirtió en 2006 que millones de personas de escasos recursos habían firmado préstamos hipotecarios con los bancos y que, tarde o temprano, no los iban a poder pagar. Pero en vez de dar el grito de alarma, Paulson compró pólizas de seguro sobre esos préstamos tóxicos, apostando que el sector inmobiliario era una burbuja que pronto iba a reventar. Cuando en efecto eso ocurrió, Paulson ganó 3.700 millones de dólares, una fortuna amasada con el dolor de quienes perdieron sus casas. De otro lado, Larry Ellison, el millonario dueño de Oracle y tercer hombre más rico de EE.UU., demandó al estado de California por el impuesto de su mansión de 23 acres, y obtuvo una compensación de tres millones de dólares que se tuvo que retirar de colegios y varios municipios. Ese valor le permitió a Ellison aumentar su dinero de bolsillo, la posibilidad de gastar 321.000 dólares por hora sin llegar a tocar su capital. Igual Steve Schwarzman, el magnate que compara a Obama con Hitler, pide la reducción de impuestos a los ricos, pero propone cobrar un impuesto sobre los ingresos a los pobres porque, en su concepto, de no hacerlo “se les estará dando un trato preferencial, y eso no es justo”. A la vez, Charles Wyly, dueño de un emporio financiero en Texas, que murió el año pasado, diseñó, junto con su hermano, un elaborado esquema de evasión fiscal para no pagar los impuestos que le correspondían: 750 millones de dólares. Por último, los hermanos Charles y David Koch, cada uno dueño de una fortuna de 34.000 millones de dólares, han utilizado su vasto poder, y sus vastos recursos, para apoyar políticas de ultraderecha. Han financiado campañas de publicidad engañosa contra el Partido Demócrata, comprado congresistas de bolsillo, dañado impunemente el medio ambiente, y promovido campañas de mentiras contra el seguro social.

El ejemplo negativo de estos millonarios sin escrúpulos, por desgracia, ha sido el más claro de esta crisis sin fondo. Y también el más triste de presenciar.

 

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