Gobierno anuncia 200.00 subsidios de vivienda entre 2020 y 2022

hace 11 horas
Por: Lorenzo Madrigal

Cómo nos cambia la vida

(En recuerdo de una de nuestras víctimas: el soldado William Domínguez, liberado de las Farc, hecho que celebró en Casa de Nariño con memorable canción de su autoría).

Antes: podíamos salir a la calle, sin tener que explicar el motivo; hoy, a los ancianos sólo se nos permite –esperamos que temporalmente- ir a la farmacia, al banco o al cementerio, pies para adelante.

Antes: se toleraba a cualquier persona estornudar, discretamente, sin que los más cercanos la miraran con sospecha y se fueran retirando.

Antes: las chicas y los chicos iban a clase; ahora se creen en vacaciones, porque lo que es en casa nadie estudia.

Antes: las tiendas y mercados, atiborrados de bienes, eran el paraíso de los pudientes y un reproche callado por los que carecían de lo necesario; mejor hoy, cuando el tema se reduce a que haya abastecimiento para todos.

Antes: las noticias eran variadas; ahora sólo son virus y más virus. Un asunto que se volvió por antonomasia viral.

Antes: los chicos y las chicas, radiantes de vida, mostraban aquel orgullo de perennidad, como que encarnan la continuidad de la especie; hoy, nuevos y viejos están –estamos– en el corredor de la muerte, a la espera del patíbulo en que ha colocado al mundo un ente microscópico.

Antes: había futuro, hoy somos como como el Rodrigo D no futuro, del cineasta Gaviria; nos encontramos pendientes de una improvisada vacuna.

Antes: orgullosos dueños de la verdad y de la política plasmaban tesis históricas y organizaban manifestaciones públicas; hoy hacen bulla con peroles en las cocinas privadas; protesta social que hoy sólo sirve de campanazo para lavarse las manos.

Antes: Existían playas y bulevares colmados, hoy están desiertos.

Antes: Creíamos en Dios, sólo creíamos, hoy podemos ver que sí existe, aunque parece que nos estuviera borrando del universo. ¿Qué hicimos, por Dios, qué hicimos?

Antes, mucho antes: Vivimos largos períodos bajo el régimen del Estado de Sitio (regía el Art. 121 C.N.), pero habíamos quedado libres de esa norma, cuando terminó el Estatuto de Seguridad (1982). Renace ahora -su aplicación- bajo el nombre de Estado de Emergencia.

No creo, sin embargo, que tal excepción legal pueda suspender derechos tan fundamentales de la persona humana como el de libre locomoción. El de reunión vaya y venga -es un derecho asociado-, pero a los ancianos no se los puede apresar o darles la casa por cárcel ni siquiera en circunstancias de una epidemia universal o porque sea imperioso proteger sus vidas. Recomendaciones todas las que se quieran dar.

Hasta un candidato presidencial, el doctor Robledo, ha quedado circunscrito a su residencia y sólo podrá ir al banco, a la farmacia y, bueno, al médico. Si en Norteamérica se expidiera una norma igual, habría que reunir a todos los precandidatos presidenciales en un pabellón de sanidad. Son mayorcitos.

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2020-03-22T10:31:31-05:00

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2020-03-22T13:39:57-05:00

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