El país de las maravillas

Como nos querían

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Tanto fue el cántaro al agua que por fin lo rompió. Hoy no es posible el regreso a la cuarentena general obligatoria. La estrategia fue igual a la del debilitamiento del Acuerdo de Paz. Sonriendo y mintiendo, el Gobierno decía apoyarlo mientras, cada que podía, le metía cargas de profundidad para hacerlo trizas. Por eso no extraña la carta de 94 congresistas de Estados Unidos en la que piden que su país presione al nuestro para que cumpla con lo pactado y reaccione a la segunda pandemia que está exterminando líderes sociales.

Se desgasta la alcaldesa de Bogotá amenazando con el confinamiento porque se quedó sola, como Pedrito en la historia que anuncia al lobo, y porque las acciones destructivas del Gobierno —con el exceso de decretos y excepciones, y el mal ejemplo de días sin IVA y personajes leales a su causa como el fiscal— minaron toda credibilidad en la medida.

Y lograron lo increíble, que el confinamiento hoy se entienda desde la perspectiva más negativa, una suerte de castigo a los ciudadanos, inculpados por anticipado, con el pecado y sin el género.

Es menos viable aún hablar del tal encierro en medio del cortoplacismo y efectismo con que se está decidiendo. Nos llevan ansiosos, día a día, con la retahíla de cifras, la bipolaridad de nuevas normatividades y neurosis exacerbadas, fruto de la infame pelea de poderes por réditos políticos que las encuestas les devuelven a cada uno, según su falta de méritos.

Todo nos conduce a esta otra pandemia, la de la creciente afectación de la salud mental, marinada con cada nuevo anuncio, hallazgo o rumor. El resultado es la paulatina pérdida de autoestima, falta de valoración del riesgo y decreciente aprecio por la vida misma, como lo revelan recientes estudios sicológicos.

Tres males conjugados que corroen la cohesión social y el destino colectivo que creíamos tener. De vuelta al individualismo y sus tres acciones que lo representan mejor que nada: huir de lugares de reunión, guardar distancia de los demás y taparse la boca.

@marioemorales y www.mariomorales.info

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