Por: Alvaro Forero Tascón

¿Cómo se construyó el uribismo?

APARENTEMENTE EL URIBISMO es resultado de sus resultados. Pero cuando la favorabilidad presidencial se acerca al unanimismo, deja de ser atribuible exclusivamente a la gestión gubernamental, para convertirse en un fenómeno de masas que necesariamente obedece a una estrategia política certera.

No hay duda de que la mayoría de ciudadanos está recibiendo una información política casi homogénea, especialmente porque los golpes de opinión, que son el motor de la locomotora uribista, encierran una elocuencia melodramática que anula todo matiz. Pero como sostiene John R. Zaller, cada opinión es un matrimonio entre información y predisposición; información para formarnos un cuadro mental sobre un tema, y predisposición para motivar alguna conclusión sobre dicho tema. Es decir, una misma información puede producir tantas opiniones diferentes, como predisposiciones distintas haya.

Por lo tanto, no es posible atribuirle el unanimismo exclusivamente al “embrujo” mediático. La predisposición de los ciudadanos se ha homogeneizado casi tanto como la información.

La explicación para esa situación puede ser que el uribismo adoptó la fórmula de la derecha norteamericana, de recurrir a los valores. Porque la propuesta uribista consiste en un relato sobre la problemática del país y sus soluciones, cargado de los valores predominantes en la sociedad colombiana. Y los valores son poderosos políticamente, porque reflejan las necesidades y las tendencias humanas, al punto que son el sustrato de las ideologías.

En sicología política existen dos tesis destacadas sobre la relación entre valores e ideología. La primera, de M. Rokeach, plantea que los valores humanos se dividen en dos categorías que políticamente se relacionan con la cantidad de libertad, o de inequidad, requerida para solucionar los problemas de una sociedad. La segunda, de V. Braithwaite, sostiene que los valores se agrupan en dos categorías ideológicas: armonía/igualdad y fortaleza nacional/orden. Este último grupo encierra los valores de la seguridad, la grandeza de la “patria” y el crecimiento económico.

Desde la primera campaña, Álvaro Uribe ha mantenido su discurso y su acción, ruidosa y férreamente alineados con los valores de la libertad (frente al yugo de las Farc), y de la fortaleza nacional y el orden, porque entendió temprano que la presión de la violencia había inclinado a la opinión pública hacia el autoritarismo de derecha.

Eso se produce cuando los valores de las mayorías, según B. Altemeyer, se apartan de la apertura al cambio y se identifican con la conservación, es decir, con los valores del apego a las costumbres e ideas más tradicionales de la sociedad.

El detalle de las encuestas revela que la estrategia política de Uribe, implementada fácilmente gracias a que es coherente con sus ideas y su estilo político, resolvió la tensión tradicional que existía entre los valores del país nacional y los del país político. El uso habilidoso de los valores más enraizados en la sociedad colombiana, combinados con los más actuales, fue decisiva para que Uribe lograra introducirle a la política la emoción de que careció durante los últimos sesenta años, por reacción a la cicatriz gaitanista.

* Analista político, investigador en opinión pública.

 

 

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