Por: Columnista invitado

¡Cómo se les ocurre preguntar a los ciudadanos!

*Alejandro Olaya, subdirector de Colciencias.

Aún persiste, aunque afortunadamente tan solo para una minoría, la vetusta idea de que consultar a los ciudadanos para la construcción de agendas de investigación y en la construcción de políticas públicas es “propaganda para descrestar incautos”, haciendo referencia a la actual consulta ciudadana www.quecaminocogemos.com.

Señalaré tan solo algunos de los casos de países donde, recurriendo a consultas ciudadanas, se fijaron exitosamente las prioridades de investigación y se elaboraron políticas públicas. Incluso en países con ciencia más “desarrollada e influyente” este tipo de ejercicios ha sido considerado no solo una gran idea, sino mandatorio para mejorar la eficiencia y la relevancia de la investigación, aumentando además la confianza en la ciencia por parte de sus ciudadanos.

En noviembre de 2014, el Gobierno holandés y su equivalente a Colciencias, la Organización de Investigación Científica de los Países Bajos (NWO), emprendieron una iniciativa nacional para involucrar a los ciudadanos en la definición de una nueva agenda de investigación para diez años. Para eso, los responsables de la agenda invitaron a todos los ciudadanos mediante una encuesta electrónica a enviar “preguntas a la ciencia”. La NWO recibió y analizó cerca de 12.000 preguntas que fueron depuradas y agrupadas en 140 clústeres de preguntas que hoy constituyen la agenda de investigación de todas las organizaciones científicas holandesas.

Por su parte, la Comisión Europea creó la “Consulta Ciudadana y Multiactor en Horizonte 2020 - Cimulac”, la cual involucró a ciudadanos de 30 países en la redefinición de la agenda de Investigación e Innovación Europea, buscando de esta manera hacer “relevante y responsable ante la sociedad” la ciencia y la innovación europea. El resultado fueron 23 temas de investigación ordenados por “popularidad” y “grandes desafíos”, que se emplearon para construir la agenda de investigación de Horizonte 2020, una de las más ambiciosas en el mundo.

Incluso temas de gran complejidad y sobre los que aparentemente sólo los expertos deberían manifestarse, han sido llevados más allá de consultas ciudadanas. Tal es el caso de Italia, donde en 1987 se llevó a cabo un referendo sobre la energía nuclear, o del Reino Unido, que lanzó este año su estrategia industrial con base en un “libro verde” (Green paper), el cual se sometió a consulta de los ciudadanos antes de su promulgación.

Como las anteriores experiencias, podríamos señalar otro buen número de iniciativas que han puesto en el centro de la priorización y la construcción de agendas y políticas públicas a los ciudadanos, no como sustituto de los “expertos tradicionales”, sino como complemento. Estas nuevas estrategias de una ciencia más abierta y participativa, permiten acercar la ciencia a la ciudadanía y viceversa, lo cual hoy es posible gracias a la digitalización.

La ciencia no es un fin en sí mismo, es un medio para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos en términos sociales, económicos y ambientales de forma efectiva y real, por ello sus preocupaciones y urgencias no pueden estar al margen de la agenda de investigación del país.

 

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