Por: Antieditorial

¿Cómo seguir adelante sin un Estado incluyente?

Por Edgardo Enrique Salebe M.

En respuesta al editorial del 30 de agosto de 2019, titulado “La paz sigue con los que apuestan por ella”.

El editorial del 30 de agosto hace referencia a la retoma de armas por parte de un grupo disidente del partido FARC, la cual es a todas luces un anacronismo que no se compadece con todo un proceso para lograr un acuerdo de paz. Sin embargo, el editorial afirma que los que siguen en el proceso de paz serán protegidos por un Estado incluyente, siendo este calificativo un despropósito y va en contravía a lo que ha sido y es el Estado colombiano.

Históricamente, ha sido todo lo contrario, un Estado excluyente, incapaz a través de su clase dirigente de integrar y cohesionar la población y el territorio, y ha reducido su capacidad para mediar y canalizar los conflictos y las tensiones sociales. Así, lo que ha existido es la ausencia de una clase dirigente incluyente con el fin de articular diferentes intereses sociales, y prueba de ello es que Colombia es uno de los países más inequitativos.

De otro lado, apunta el editorial que ante tal anuncio de la citada disidencia, el presidente tiene la oportunidad de unir al país adoptando el proceso de paz como propio y seguir adelante en el fortalecimiento de las instituciones. Sobre lo anterior, hay que decir que el presidente Duque desde el mismo día de su posesión prometió la unidad del país, asunto este que reza en la Constitución, como la persona que simboliza la unidad nacional, pero los hechos demuestran lo contrario. Con su terca obsesión de objetar la ley estatutaria de la JEP, dividió más a los colombianos, además de que no deja de utilizar un lenguaje que, en vez de concitar a la reconciliación, en muchas ocasiones emite odio y rencores, atizando el fuego por el caso de Venezuela.

Amén de lo anterior, nos preguntamos: ¿cómo seguir adelante en el fortalecimiento de las instituciones? Estamos en presencia de una crisis de instituciones y muchos ciudadanos no confían en ellas. Todo ello por una debilidad del Estado que ni siquiera cuenta con el monopolio exclusivo de la fuerza, de allí la existencia de bandas y grupos armados al margen de la ley, y cuyas instituciones no cumplen a cabalidad sus funciones a las que están destinadas. De allí que no corresponde con la realidad que se diga que Colombia es una democracia más madura y con instituciones fuertes. Más bien, lo que se necesita es fortalecer la democracia y sus instituciones, pero con liderazgos incluyentes.

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