Por: Catalina Ruiz-Navarro

Cómo ser una víctima perfecta

“Una mujer que va a ser accedida carnalmente entra en llanto, angustia, rabia, desesperación y hace lo imposible para evitar que se consume tal hecho, y su reacción es más vehemente cuando no está sola enfrentando una situación de esta naturaleza. Es absurdo sostener que no hubo consentimiento en el presente caso, si tenemos en cuenta que se trataba de dos jóvenes adultas, cuyas edades son de 18 y 20 años, que no se hallaban en condiciones de inferioridad frente al supuesto agresor”. Estas fueron las palabras del litigante que defendía a Diego Alberto Parra Garzón por acusaciones de violación y robo contra Dennis Lorena Cortés y Amalia Martínez, ante el cuestionado juez José Leonidas Bustos, en 2009. El fallo llegó a la prensa gracias a la minuciosa investigación de este periódico sobre el denominado “cartel de la toga”, en donde Bustos es uno de los principales sospechosos. El fallo del magistrado terminó absolviendo al agresor Parra Garzón en su apelación, después de que un año antes fuera condenado por el Tribunal de Bogotá.

Los hechos, que ocurrieron el 19 de febrero de 2007, son un resumen de los miedos de todas las mujeres que viven en Bogotá. Dennis Cortés y Amalia Martínez salieron de un bar a las tres de la mañana en el barrio Restrepo, en el sur de Bogotá. En el camino, cinco desconocidos las rodearon para atracarlas y les robaron sus teléfonos celulares y carteras. Uno de ellos, Parra Garzón, se quedó y las obligó a caminar hacia un parque con la amenaza de que “las iba a chuzar”. Allí toqueteó a Martínez y obligó a Cortés a hacerle sexo oral. Habría sido peor si Martínez no hubiera logrado pedir ayuda y si no hubieran llegado unos taxistas para apresar al agresor. Como señala El Espectador, la decisión era sencilla, y Parra Garzón “fue imputado y enviado a prisión por los delitos de acceso carnal violento en concurso con actos sexuales abusivos y hurto calificado”. Pero cuando el caso llegó a la Corte Suprema de Justicia, el magistrado Bustos y otros cuatro magistrados fallaron a favor del agresor y lo dejaron en libertad, aun a pesar del salvamento de voto de otros tres magistrados (Sigifredo Espinosa, María del Rosario González y José Luis Quintero) que se mostraron indignados. El fallo final envía un mensaje retrógrado y peligroso: que si las mujeres no corremos, arañamos, gritamos, pataleamos y huimos, se trata de sexo consentido.

Cuando nos imaginamos un ataque así, todas esperamos ser capaces de responder como fieras amazonas, pero la vida real es otra, peligrosa, intimidante, y con frecuencia nos quedamos paralizadas y calladas ante los ataques machistas; no sólo porque no sepamos exactamente cómo responder, también porque sabemos que revirar con insistencia puede costarnos la vida.

En julio de 2016, durante la tradicional fiesta española de San Fermín, un grupo de cinco hombres (conocidos como “la manada”) violaron a una joven. En el juicio, que se lleva adelante en este momento, los argumentos de la defensa del agresor son muy parecidos a los de Parra Garzón: argumentan que no se trata de una violación sino que fue sexo consentido, ya que, después de la violación, la mujer se fue de vacaciones, se tomó selfis, mejor dicho, siguió adelante con su vida. Dice María del Mar Ramón, en un artículo para la revista argentina Página 12: “Para el patriarcado, la única víctima buena, que vale, que merece la pena, es la que no sobrevive, ni física ni psicológicamente”.

La reacción de la víctima no es lo que determina el tamaño de la agresión. No existe la posibilidad de que una mujer acepte hacerle sexo oral a un desconocido que acaba de robarle, atemorizada y en un parque oscuro, en una ciudad como Bogotá, en donde matan por robar un celular. Si una mujer elige seguir viviendo después de una violación en grupo, lo que eso demuestra es una inmensa valentía, no consentimiento al abuso. No todas las mujeres quieren, pueden o deben ser esa víctima perfecta: de moral intachable y lágrima en el ojo, y es humillante que esto sea lo que la sociedad tenga que ver para apoyarlas y defenderlas.

@Catalinapordios

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Catalina Ruiz-Navarro

La caja de Pandora

Las buenas víctimas

Gracias por nada, presidente Duque

Néstor Humberto Martínez debe renunciar

Si no incomoda no es protesta