Por: Columnista invitado

¿Cómo será la transición?

¿Habrá chavismo sin Chávez? Es la pregunta que todos se hacen por estos días, además de preocuparse de qué tan pacífica pueda ser la transición en Venezuela. Hasta ahora, se prevé pacífica, con un chavismo unido ante la opinión pública pero dividido internamente entre el ala militar y el ala civil del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

La unión del chavismo ante la opinión pública se constata por el apoyo que le han dado el ministro de Relaciones Exteriores, Elías Jaua —de origen civil—; el ministro de Defensa, Diego Molero —de origen militar—, y el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, exmilitar, a la candidatura de Nicolás Maduro.

Los sectores cívicos y militares del PSUV han apoyado al vicepresidente Maduro por temor al castigo político que puedan recibir de los electores chavistas en caso de que no cumplan la voluntad de Chávez. Sin embargo, una vez el chavismo se haya alineado en torno a Maduro, y tras su probable triunfo, surgirán las divisiones internas.

En primera instancia, la situación económica obligará a replantear el modelo clásico de gobierno que se basó en la construcción de poder popular a partir de la expansión del gasto público. El aumento del endeudamiento público en 2011 (se estima que fue de US$135.000 millones), la alta inflación (entre el 24% y el 32%), la devaluación de la moneda local (del 46%), y el agotamiento de las reservas internacionales llevarán a Maduro a tomar medidas impopulares.

Maduro, a diferencia de Chávez, no representa una figura política invencible y carismática que logre subordinar para beneficio suyo las agendas y ambiciones personales de líderes políticos con proyección nacional como el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, y el presidente de Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa), Rafael Ramírez. A Diosdado Cabello lo apoyan los militares que ocupan o han ocupado cargos ministeriales durante el mandato de Chávez. El almirante Diego Molero y el diputado Pedro Carreño son los más representativos.

Por su parte, el presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, ha sido el único funcionario de alto mando en el gobierno que lleva más de ocho años en el cargo. Esto cobra importancia si se tiene en cuenta que Chávez durante sus períodos de gobierno rotó frecuentemente a su equipo ministerial. En la dirección de Pdvsa, Ramírez acumuló poder político no sólo porque administraba la principal fuente de ingresos —las rentas petroleras—, sino también porque ejecutó obras públicas que generan redes clientelistas.

En segunda instancia, la transición posibilita que se redefinan las relaciones de poder entre las élites políticas y el estamento militar. En este escenario, los sectores republicanos de las Fuerzas Militares que han sido cercanos al exgeneral Raúl Baduel, e incluso el gobernador de Miranda, Francisco Arias Cárdenas —que ha tenido relaciones cambiantes con el chavismo—, serán decisivos para el ala civil del PSUV.

En últimas, el futuro político de Venezuela depende de los acuerdos o las rupturas que surjan entre el ungido por Chávez (Maduro), el diputado y militar emblemático de Chávez (Diosdado), el tecnócrata estrella de Chávez (Ramírez) y el coronel golpista que fue amigo y enemigo de Chávez (Arias Cárdenas).

 

 

**Juan David Velasco/Analista del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).

 

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