Por: Lorenzo Madrigal

¿Cómo será votar...?

¿Cómo será votar cuando ya no se trate de elegir a un hombre que se reviste de paz, sino de aprobar o negar la paz misma negociada?

Cuando Juan Manuel Santos asumió lo de ser él mismo la paz, avalado por su hermano mayor, le planteó al país que la alternativa era la guerra y consiguió que se votara prácticamente a ciegas, ante lo que era dramático, catastrófico, dicotómico, esquizofrénico.

En el fondo se trató de una gran coacción: sus hijos van o no van a la guerra; es ésta una oportunidad única de paz; todo está hablado, ya las víctimas están siendo consideradas (en el papel); ya el Eln firmó algo (que luego fue tergiversado). Todo a última hora, en el desespero por una derrota electoral anunciada.

Una pobre viejecita, sin nadita que opinar, fue traída a cuento por su gracia indudable, porque se le enseñó a que rastrillara un nombre: “Zurriaga” (erre con erre cigarro, erre con erre barril), y apostrofara de él. Más adelante les cuento de dónde vino el término, para mal de mis pecados. Esta viejecita sí, cosa es de volverse loco, pudo reelegir a Santos, acompañada de otros comerciales del tipo administrativo, que salieron al aire por esos días aciagos, en que se dudaba si permanecería la dinastía Santos en el poder.

La pregunta es cómo será el día en que haya que exponerle al país nacional, de verdad, la paz, el acuerdo final, y someterlo a su aprobación por referendo, como se ha anunciado, entre otros por Humberto de la Calle, quien también pareció utilizado en sus comerciales de paz previos a la elección.

¿Cómo será ese voto? Pienso en que se dará a elegir entre un gran bloque de medidas que denominarán paz, y que se votará con un sí, y una alternativa que llamarán guerra y que se votará con un no. Como si fuéramos un país culto, capaz de ir a las urnas a dar un no, educados como estamos a ser positivos, estilo don Jorge Duque Linares, y a ganar, siempre a ganar, con una sonrisa en los labios o una carcajada en las amígdalas.

En ese bloque podrían ir cosas gravísimas: los llamados territorios campesinos, por ejemplo, si se acuerdan como repúblicas independientes; una reestructuración del ejército, qué sé yo, restricciones a la libertad de prensa, en fin. Uno no sabe qué pueda venir en ese guacal o container, fuera del cual no habrá salvación. No será ya un Juan Manuel, con su dinástica reelección en vilo. Será jugarse la paz misma como tal: sí o no, y punto.

Lo prometido. En casa de un caricaturista muy cercano nació la palabra “Zurriaga” y fue así: el jardinero que atiende las maticas de su dacha se refirió de esta manera al candidato opositor. El dibujante la tomó para uno de sus trazos y de ahí viajó a otras plumas, hasta llegar al abrazo de doña Mechas Plata con don Juan Pa, en Villavo, durante el desespero final.

 

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