Por: Ana María Cano Posada

Como un rezo, como un poema

La película devuelve la voz y la figura de este personaje significativo resucita lo que él encarna. Tiene el efecto extraño de verlo en momentos en que Colombia otra vez se pregunta si puede llegar a un acuerdo final con palabras al conflicto social.

El esclarecido habla con precisión porque comprende la confusión. Sólo el arte puede lograr la magia de dar vida, poner luz a una sombra y conjurar el olvido.

Lo logran Daniela Abad y Miguel Salazar en su película Carta a una sombra, premiada por el público y los jurados en el Festival de Cine de Cartagena y que exhibieron en Medellín ante un público estremecido que en su mayoría conoció al personaje que hoy nos habla como si supiera en qué andamos.

Extraordinario ser humano, fue asesinado en 1987 en una calle en el centro de Medellín, cuando salía del velorio de un profesor amigo acribillado el día anterior, es Héctor Abad Gómez. Célebre médico salubrista de esencia liberal y condición humana inmensa que se ocupó de la vida de los demás, de su mejoría y supervivencia. Es el mismo que fue enturbiado por el estigma que en Colombia aplican a hombres íntegros y altruistas.

La película que hacen su nieta Daniela y el documentalista Salazar tuvo una fuente viva y documental hasta lograr la resurrección. Acuden a cuadernos de notas del hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince; a las grabaciones familiares que Abad Gómez hizo con peculiar sentido de la historia en cintas magnetofónicas cuando asesorías internacionales le alejaron por meses de su familia. Esto unido al archivo radial de la Universidad de Antioquia, donde él hizo un programa llamado Pensando en voz alta, logran, con escogencia afinada, que este humanista nombre con fidelidad lo que nos pasa.

Se suma el testimonio de su entrañable amigo y compañero de convicciones Carlos Gaviria Díaz, entrevistado en el rodaje, al lado de una reconstrucción polifónica que hacen Cecilia, la esposa de Héctor Abad Gómez, sus hijos y una pupila que siguió su camino, la doctora Silvia Blair. Este conjunto documental fehaciente retrata con ironía el malentendido de esta sociedad que sospecha de la generosidad y de los argumentos, que cerca al humanista que sólo se arrodilló frente a las rosas que cultivó, hasta encasillarlo como enemigo, que es con lo que el conservadurismo paranoico rotula al disidente, al que piensa.

Dos reveladores episodios familiares reconstruyen el espíritu de Héctor Abad Gómez. Uno muestra cómo él, al que acusan de marxista, no había leído una letra de El capital y decide hacerlo con su mujer para entender de qué hablan, dada su alergia a las sectas religiosas, políticas y económicas en esta sociedad retrasada. El otro momento es cuando a su hija Marta, la cantante, a los 16 años de edad le descubren un cáncer y muere sin que él, profeta de la salud pública, pueda impedirlo. Estos son puntos de quiebre en esta película narrada con voces e imágenes dicientes de la vida de quien trabajó para que pudieran morir los colombianos de algo admisible: de senilidad.

Oír la voz y ver hablar de frente a Héctor Abad Gómez muestra la entrega de su vida lúcida a esta causa del cambio. Una resistencia consciente a la resignación y a la oscura conspiración de los aliados de la muerte y la guerra. Constatamos su oposición inteligente. Sentimos los espectadores la orfandad. Están vivas aún sus reveladoras palabras para repetirlas como un rezo, como un poema.

 

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