Por: José Manuel Restrepo

Competitividad a nivel local

Los sistemas de referenciación globales (ránquines) que miden la competitividad del país coinciden en un deterioro de nuestra posición mundial, y todos ellos hablan de inquietudes en asuntos como las instituciones (considerando justicia, corrupción y eficiencia en la gestión pública), ineficiencias en los mercados (incluyendo altos costos e inflexibilidades subyacentes en los mercados laborales), baja productividad y capacidad de innovación (asociada a poca diversificación de las exportaciones, debilidades en ciencia y tecnología, necesidades de formación de un talento humano más pertinente a las necesidades empresariales, y debilidades en infraestructura y conectividad) y finalmente un deterioro en el ambiente macroeconómico, como resultado del reciente choque en los precios del petróleo.

En el año 2018 parece parcialmente superada la dificultad macroeconómica, como entre otras estamos viéndolo con el mejoramiento en los precios internacionales del petróleo, la reducción de los déficit gemelos (cuenta corriente y fiscal), el mejor desempeño en las exportaciones y el buen desempeño en materia de inflación. Sin embargo, lo que se viene a continuación en el resto de criterios merece una atención, en donde no es posible su mejoramiento sin profundizar acciones a nivel territorial o local. Muchos de los esfuerzos de nivel nacional que hoy se aplican se ven en dificultades cuando bajamos a los departamentos y ciudades. Adicionalmente a ello, los indicadores nacionales de competitividad recogen un promedio, que pudiendo ser aceptable o bueno, esconde una profunda dispersión de resultados que ubica a ciudades como Riohacha y Quibdó comparativamente al nivel de los países menos competitivos del mundo.

Justo por ello es destacable el trabajo más reciente del Consejo Privado de Competitividad y de la Universidad del Rosario al construir un Indicador de Competitividad de Ciudades en Colombia, que se suma al Indicador Departamental, que fue recientemente reconocido como una buena práctica universal por el World Economic Forum. Se trata de 89 variables para evaluar en tres distintas etapas de desarrollo las condiciones básicas (instituciones, mercados, infraestructura, salud, educación básica y sostenibilidad ambiental), de eficiencia (educación terciaria y mercados laborales y financieros) y de sofisticación e innovación (capacidad exportadora, investigación y dinámica empresarial), de 23 ciudades del país con sus áreas metropolitanas.

Las conclusiones de esta primera edición del índice de ciudades permite ordenar una política pública local, fijar prioridades presupuestales, aprender de buenas y malas prácticas de gestión e inversión pública y mirar el desarrollo en la integralidad rural y urbana. Pero, para mí, lo más valioso del indicador es que define una nueva agenda de hábitat urbano donde la competitividad queda perfectamente articulada al desarrollo sostenible, superando visiones meramente “economicistas” del desarrollo.

El indicador, reconociendo ciudades en tres etapas del desarrollo, descubre realidades interesantes. Destacable el avance en educación básica y media de ciudades como Tunja, Pasto, Sincelejo y Bucaramanga y lo contrario en Cartagena, Cali y Riohacha. En educación superior es sorprendente el posicionamiento de Tunja, Manizales, Medellín y Bucaramanga, así como el débil desempeño de Valledupar, Quibdó y Riohacha. Preocupante el flojo estado de la competitividad en ciudades como Cúcuta y Riohacha, que, en especial en la primera, se explica por el deterioro del mercado laboral, seguramente explicado por el impacto de la migración venezolana que nos ha cogido desprovistos de una adecuada política migratoria.

Sin duda, las nuevas estrellas del escenario competitivo son Manizales, Bucaramanga y Tunja, que con educación de calidad y con buena cobertura, con mejores instituciones en justicia y gestión fiscal, con avances en infraestructura y con un ambiente proclive a la innovación y el desarrollo empresarial, han logrado acercarse a las tradicionales ciudades de mayor nivel de desarrollo, como Medellín y Bogotá.

Finalmente, en el grupo de las ciudades en la etapa más avanzada de desarrollo, un llamado de atención a Barranquilla, Cali y Cartagena, que tienen debilidades manifiestas para seguir avanzando. La primera y la tercera deben mejorar en educación básica, media y superior; mientras que la segunda tiene serias debilidades en cobertura y calidad de la educación básica y media así como en sostenibilidad.

El indicador propone caminos concretos en el frente territorial para que Colombia mejore a nivel mundial en competitividad. Alcaldes y gobernadores, como dicen los ingleses, “the ball is in your court”.

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