Por: José Fernando Isaza

Complejidad

CONCEPTOS COMO CAOS, COMPLEjidad, teoría de catástrofes, que tienen más de un siglo de formuladas, luego de un período de hibernación poco a poco están permeando el lenguaje.

La velocidad de la computación y la vertiginosa reducción de costos explican el renacer de estas disciplinas y sus aplicaciones a las ciencias de la naturaleza, la economía y las ciencias sociales.

Complejidad es diferente de complicación; ésta es hacer difícil lo que puede ser simple, aquélla es el estudio de la evolución de sistemas cuyos componentes interactúan entre sí. Los mejores ejemplos de complicaciones se encuentran en las normas burocráticas que buscan molestar al ciudadano. La mayor parte de los fenómenos tienen más de dos componentes, si interactúan entre sí, su evolución es caótica. Esto explica por qué se asimila la complejidad con la teoría del caos.

La evolución de la temperatura atmosférica es un fenómeno complejo, de ahí la incertidumbre en calcular los valores futuros y sus efectos sobre los ecosistemas. Las variables que determinan la temperatura tienen retroalimentación positiva amplificando el efecto de sus variaciones. Los océanos son los grandes sumideros de anhídrido carbónico (CO2), al aumentar la concentración de CO2 en la atmósfera aumenta la temperatura de ésta, que hace crecer la temperatura del océano, así retiene menos CO2 expulsándolo a la atmósfera, acelerando más el efecto de invernadero. Adicionalmente al crecer la temperatura se derriten los glaciares y disminuye el casquete ártico reduciéndose el albedo de la Tierra y por consiguiente emitiéndose menos calor al espacio y contribuyendo al incremento de la temperatura. El retiro de los glaciares que acabó con la Edad del Hielo se explica por un cambio en la temperatura del océano que desencadena el proceso esbozado. El fenómeno inverso también se produce: una ligera reducción de la temperatura oceánica al aumentar la disolución de CO2 en los mares desencadena una glaciación. El científico Milankovitch explicó que las pequeñas variaciones que desencadenan un calentamiento o una glaciación, se deben a fenómenos astronómicos; modificaciones en el ángulo del eje de rotación de la Tierra y cambios en su orientación.

El descenso de temperatura que se vivió entre 1940-1980 hizo que algunos científicos alertaran sobre la posibilidad de una nueva glaciación. A partir de 1980, la evolución de la temperatura recuperó la tendencia creciente que tenía desde 1870, hoy la natural preocupación es por los efectos que tiene sobre la Tierra el incremento de la temperatura atmosférica.

Al aumentarse la evaporación crece la nubosidad. Durante decenios, modelos climáticos simplificados divergían en sus predicciones. Unos pronosticaban que la mayor nubosidad ayudaba a contrarrestar el efecto de invernadero al reflejar más energía solar al espacio. La otra calculaba que las nubes al reflejar también energía a la atmósfera, el efecto neto sería una temperatura más alta. Los modelos más complejos muestran que la mayor nubosidad acelera el efecto de invernadero.

Para que el aumento de nubosidad no agrave el efecto de invernadero se propone rociarlas con cristales de sal. La dispersión de la radiación solar que se obtiene genera un descenso neto de temperatura.

Complejo es el clima; complicada puede ser esta columna.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano

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