Por: Augusto Trujillo Muñoz

Complementariedad: un nuevo asalto

La seguridad social en general y el sistema pensional en particular son producto de una necesidad de la civilización. Cuando libertad e igualdad se encontraron efectivamente, fue necesario procurar equilibrios que consultaran principios elementales de justicia.

Desde las utopías sociales que imaginaron falansterios de construcción imposible, hasta las doctrinas sociales de la Iglesia que se plasmaron en la encíclica Rerum novarum hacia finales del siglo XIX, la civilización se planteó compromisos éticos y políticos que desembocaron en normas jurídicas. El Estado decidió proteger el derecho al trabajo como expresión de un nuevo valor en la cultura de Occidente.

Cuando los Estados Unidos aprobaron la ley del Social Security en 1935, el presidente Franklin Delano Roosevelt dijo: “Nunca podremos asegurar el cien por cien de la población contra el cien por cien de los peligros y vicisitudes de la vida. Pero hemos tratado de hacer una ley que dé una cierta protección al ciudadano medio y su familia contra la pérdida del trabajo y contra una vejez en la miseria… Es una ley que cuida de las necesidades humanas y al mismo tiempo provee a los Estados Unidos con una estructura económica de gran solidez”.

Algo similar pensó el presidente Carlos Lleras Restrepo al concebir el Seguro Social en Colombia. Y lo montó sobre el principio solidario, que es otra necesidad de la civilización. Sin solidaridad las relaciones humanas quedan a merced de las leyes de la selva. No sin razón algunos hablan de capitalismo salvaje. Un sistema pensional respaldado por la solidaridad da certeza. Lleras garantizó, además, la sostenibilidad futura del sistema. Equivocadas disposiciones de gobiernos ulteriores lo desvirtuaron y peores decisiones inspiradas en el cuatrienio de César Gaviria crearon los fondos privados y pusieron al gobierno a su servicio.

Ahora se prepara un nuevo golpe contra el sistema pensional. Lo esconden bajo el denominado “Régimen de Complementariedad”. La afiliación en los fondos privados dejaría de estar sometida a la libre decisión del afiliado y se volverá obligatoria a partir del peso adicional al primer salario mínimo legal que el trabajador haya devengado. En tales condiciones el régimen de prima media se marchita. Se fortalecerá, en cambio, el de los fondos privados y la certeza que el sistema le da al trabajador morirá, para que florezca la incertidumbre.

El niño y el anciano representan los dos extremos del fenómeno vital que más y mejor atención exigen del Estado. De alguna manera, sobre los dos descansa la estabilidad social. El niño necesita la garantía de la esperanza desde sus primeros días y el anciano la de la tranquilidad para que bienviva los últimos. Tales garantías subyacen en el sistema de prima media, pero desaparecen en el de los fondos privados. De hecho, la mayoría de los países que ensayaron este régimen están reviviendo la prima media. Pero en Colombia los fondos insisten en su impostura regresiva, y en los gobiernos les hacen el juego. Solo queda una luz de esperanza en el Congreso.  

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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