Por: Cecilia Orozco Tascón

¿“Complot” en serio?

EN EL TEMBLOR INFORMATIVO QUE sacude a Colombia a diario, pasó casi por alto la reveladora entrevista que la revista Cambio le hizo a Ascencio Reyes, un personaje que hace un par de semanas saltó del anonimato a las páginas de otros dos importantes medios, los que, como cosa extraña, coincidieron con el tema el mismo día.

En pocas palabras, a Reyes lo ‘acusaban’ de hacerles opíparas invitaciones a los magistrados de la Corte Suprema y de ser influyente amigo del Fiscal. Hasta una foto equivocada le sacaron a éste en compañía de Reyes, tomada durante la posesión de Iguarán. Entre paréntesis, resultó falsa, tanto la identificación del acompañante del Fiscal como su presencia en la posesión. Lo censurable, además de que la Rama Judicial se dejara pagar pasajes y almuerzos, era, según las publicaciones, que el relacionista fuera socio de un narcotraficante extraditado.

Cambio buscó al denunciado y le dijo: “Su cercanía con el Fiscal y con magistrados ha hecho que algunos lo comparen con Giorgio Sale…”, Reyes argumentó: “Esas versiones son fruto de la malquerencia de funcionarias y ex funcionarias de la Fiscalía resentidas...”. “¿Quiénes son esas resentidas?”, interrogó la revista. Él respondió: “María Fernanda Cabal, la anterior directora de la Oficina de Asuntos Internacionales de la Fiscalía; Martha Luz Hurtado, fiscal delegada ante la Corte, retirada hace poco como consecuencia de ajustes hechos por el Fiscal y, cosa atípica, otra funcionaria que sigue en la Fiscalía…”. Pregunta: “¿Cuál cree que es la motivación principal?”. Respuesta: “No lo sé… Lo concreto es que quieren enlodar mi nombre y por ese camino conspirar contra el Fiscal y la Corte Suprema”.

Reyes también aseguró que lo está investigando la oficina anticorrupción del DAS y que alguien lo advirtió de que le querían “colocar cosas” en su oficina, es decir, plantar pruebas en su contra. Lo primero que habría que decir, de resultar cierto que el DAS asumió la investigación, es que huele mal que el departamento asignado a la seguridad del Presidente, sea el que esté adelantando estas pesquisas, sobre todo en mitad del espeso clima que existe entre el Poder Ejecutivo y el Judicial. Lo segundo, sería preguntar: ¿por qué motivo el DAS sustituye funciones de la Fiscalía?

Seguramente los señalamientos a Reyes, y de Reyes, se me habrían olvidado a mí también, de no ser porque a la señora Cabal —cuyo nombre ha sido mencionado más de una vez en relación con escándalos mediáticos de la Fiscalía— se le escuchó afirmar en un sitio público, con voz suficientemente alta y salpicada de gruesas palabras, que por fin se va a saber quiénes son los magistrados de la Corte Suprema, y que ella vio en su antigua oficina de la Fiscalía las colillas de los cheques con que les pagaban a algunos de ellos. Presumo que se refería a pagos ilícitos, no al salario que devengan.

Como a ella se la vincula socialmente con otras personas cuya animadversión soterrada o abierta contra quienes representan hoy a la justicia es ya famosa, Cabal haría bien en aclarar esas versiones que se tejen sobre sus actos, para despejar los crecientes rumores alrededor de un plan de desprestigio contra el Fiscal y la Corte. Si guarda pruebas de actos ilícitos o tiene pleno conocimiento de ellas, debería dejar de hablar y entregarlas. Si sólo es una manifestación de malquerencia, como afirma Reyes, es tiempo de que sus odios cesen, antes de que caiga en conductas tipificadas en el Código Penal.

 

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