Por: Santiago Gamboa

Comprometerse

Se nos acaba el diccionario de palabras tristes para definir nuestra realidad política en este 2017, viendo cómo el debate nacional cae en una espiral de mezquindad sin fin. Que a un año de aprobados los acuerdos sea el Estado quien no cumple era casi de esperarse, pero que el motivo sean las mil y una batallitas del egoísmo y el interés de los congresistas da verdadero asco. ¿Podemos realmente afirmar, seriamente, que en Colombia hay una democracia, cuando la mayoría de los que la representan y deberían honrarla actúan como mafiosillos de barrio, sin otro interés que el de su pequeño poder y desfondado bolsillo?

El tema de las 16 circunscripciones de paz saca de quicio a cualquiera. ¿Cómo puede alguien, humanamente, oponerse? En ningún país decente alguien tendría la desvergüenza de votar en contra o ausentarse para romper el quórum en un tema tan sensible, pero claro, ¡welcome to Colombia! Y ahí están esos nosferatus criollos, los chupadores de sangre del Estado, oponiéndose a cualquier cosa que no les dé un rédito inmediato. Algunos, hilando fino, han decidido que esas curules van a ser para las Farc, sigla mágica que le abre la puerta a cualquier argucia. ¡Es que las Farc van a ganar terreno político! Diciendo eso, lo justifican todo. El temor a que las Farc se comporten igual a como se comportarían ellos es lo que paraliza al Centro Democrático y a Cambio Radical. Por eso les temen tanto. Pero, ¿en dónde está escrito que esas curules van a ser realmente para las Farc? ¿Es por corresponder a las regiones donde antes la guerrilla tenía presencia? A quienes esto argumentan se les olvida un pequeño detalle: si se le da espacio político a las víctimas, esto tiene que corresponder con zonas donde ha habido víctimas, es decir, civiles en medio del conflicto. Elemental, mi querido Watson. ¿Qué regiones quisieran ver representadas entonces en esas curules?, ¿zonas donde no ha habido guerra entre las guerrillas, el Estado y los paras?, ¿San Andrés y Providencia, por ejemplo? Una vez más, veo crecer el índice nacional de IIB (Ignorancia Interna Bruta), sobre todo entre los padres de la patria.

Privarlos de esas curules, además, sugiere que las víctimas son en el fondo culpables; es acusarlos, decirles que “por algo será”. Así de mezquino y oportunista es nuestro debate, incluso cuando, de boca para afuera, se hace en nombre de Dios, que es la actual “droga dura” con la que las iglesias evangélicas someten para su provecho la voluntad de inmensas mayorías.

Por eso se hace cada vez más urgente, de cara a las elecciones del 2018, que la sociedad civil despierte y actúe. Rodear a los políticos honestos y jugársela por ellos, pues el destino del país, como pocas veces, está en peligro el año entrante. Tengo simpatías por Sergio Fajardo, por Gustavo Petro y por Humberto de la Calle. ¡Quisiera poder dividir mi voto en tres! Cada uno, a su manera, luchará por mantener este país en el carril de la paz, que es lo fundamental. Hay que apoyarlos, comprometerse. Por eso aplaudo la decisión del escritor Gustavo Bolívar de acompañar a Petro en las legislativas, pues será sólo con el compromiso de cada uno que lograremos sacar a este país de las tinieblas y darle una segunda independencia.

 

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