Con el rabo entre las patas

Noticias destacadas de Opinión

La implementación del Acuerdo de Paz es ahora la prioridad de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Así lo han dejado claro los emisarios del presidente Joe Biden. Esta nueva realidad diplomática, además de ser esperanzadora, plantea un panorama interesante de observar: Iván Duque, un hombre que llegó al poder con la promesa de desbaratar la estructura del acuerdo de La Habana, en adelante tendrá que presentarse ante la Casa Blanca como su máximo defensor.

Solo cosas buenas pasarían si el presidente de Colombia decidiera dar un giro y matricularse en esa causa para hacerse al favor de su homólogo norteamericano. De golpe, el único reclamo le llegaría desde el ala radical del Centro Democrático. Pero qué más da. Ya va siendo hora de que el jefe de Estado empiece a divorciarse de ese sector político, cada vez más alejado de la razón, de los hechos y de la lógica. La Casa de Nariño está obligada a cambiar su estrategia. La política internacional, por lo menos en lo que tiene que ver con Estados Unidos, no puede seguir en manos de aquellos que afirman que los problemas de Colombia se solucionan fumigando los cultivos con glifosato, reconociendo a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y acabando con la JEP.

Esa retórica del miedo al castrochavismo, de los ataques indolentes contra Cuba y de la necesidad de insistir en la fallida guerra contra las drogas podía funcionar con Donald Trump. Mal que bien, ningún mandatario en Estados Unidos había llegado a la Oficina Oval con un entendimiento tan precario de la realidad latinoamericana. Así las cosas, meterle los dedos a la boca al magnate no era una hazaña muy difícil de lograr. Pero con Biden la cosa es a otro precio. “No ha habido un presidente de Estados Unidos que quiera y conozca más a Colombia que Joe Biden”, dijo el exnegociador Sergio Jaramillo en su lúcida entrevista del domingo.

Precisamente por eso, porque conoce este país y ha sido artífice de su transformación en el último cuarto de siglo, fue que el buen Joe puso la paz como la primera prioridad en su agenda para Colombia. No deja de ser paradójico que quien insista en la importancia de implementar el Acuerdo con las Farc sea el hombre que duerme en la Casa Blanca y no el que duerme en la Casa de Nariño. Pero eso es harina de otro costal. Aquí lo cierto, y vuelvo a parafrasear a Jaramillo, es que el buen desarrollo de las relaciones entre los dos países hoy depende enteramente de lo que haga o deje de hacer Iván Duque. Joe Biden ya tendió la mano.

Entonces nuestro jefe de Estado se encuentra ante una no menor disyuntiva. Solo tiene dos opciones: la primera, seguir casado con la narrativa del Centro Democrático, insistir en modificar lo acordado, atacar a la JEP y agarrarse con el presidente estadounidense. O, la segunda, entender que la realidad cambió, ponerse la camiseta de la paz y hacer de Joe Biden su nuevo mejor amigo.

Lo responsable sería que Iván Duque optara por lo segundo. Aun cuando en público no lo digan, los dirigentes del uribismo hace rato sacaron del llavero al presidente. Ya nada tiene que ganar dándoles gusto. En cambio, si Duque le hiciera caso a Biden, todavía estaría a tiempo de asegurarse un lugar aceptable en la historia.

@federicogomezla

Comparte en redes: